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(Nota. Este artículo es en realidad un folleto. Si usted, estimado hermano que gusta salir a hacer obra de evangelismo, piensa que le puede servir en su hermosa actividad, puede "bajarlo" a su ordenador en formato PDF casi listo para llevarse a la imprenta picándole aquí: ¡Usted estará allí! (Se imprime en tamaño oficio por los dos lados y se corta a la mitad para obtener dos folletos de cada hoja)
¡USTED ESTARÁ ALLÍ!
Hay mucha gente que no cree que la Biblia es la Palabra de Dios; por lo tanto no cree lo que dice el pasaje citado. Eso no cambia nada. Esa gente estará allí. Ya desde el momento siguiente a su muerte física, ellos lamentarán haber sido incrédulos mientras estaban en el cuerpo. Otros sí creen en la Biblia, pero no están interesados en ella lo suficiente como para escudriñarla y llegar al pasaje citado. Su ignorancia no les eximirá de estar allí. Hay quienes aun creyendo en la Palabra de Dios y estando enterados de lo que acabamos de leer, inexplicablemente viven y actúan sin importarles gran cosa la afirmación del pasaje. Ellos, que son muchísimos, también estarán allí. Por cierto hay una marcada minoría que cree lo que dice nuestro pasaje y además muestra con su actuación en la vida que sí le importa, y mucho, lo declarado en ese pasaje de la Biblia. Lo cierto es que todos estaremos allí. “…Es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo”, dice el pasaje. Ateos, escépticos, creyentes, mundanos, islamistas y miembros de otras grandes religiones orientales estarán allí. Los que estén vivos cuando Cristo venga a juzgar al mundo y los que hayan muerto a través de los siglos estarán allí. Como que nos gusta saber que allí estarán Hitler, Nerón, Atila, Judas y Victoriano Huerta. ¡De manera que finalmente responderán por sus hechos! Así es. Los que hemos nombrado y los incontables asesinos y traidores de la historia, todos ellos estarán allí. Pero aunque lo anterior es interesante, lo que realmente debería importarle es que ¡Usted también estará allí! Los humanos tenemos la tendencia a compararnos con aquellos que están peor que nosotros. Nosotros no hemos torturado, ni secuestrado, ni asesinado a nadie. No estamos tan mal. Es cierto que no se nos puede comparar con Hitler o con Judas, pero también nosotros hemos hecho cosas que han ofendido a Dios. “…Por cuanto todos pecaron… no hay justo ni aun uno…”, (Romanos 3.10,23) Y Dios “no tendrá por inocente al culpable”, (Nahum 1.3). El pasaje con que comenzamos dice: “…todos… cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo”. En la expresión “cada uno” y en la palabra “todos” que también está allí, estamos incluidos usted y yo. Esto es muy serio. No haga caso a los que nos quieren engañar haciéndonos creer que algo se puede hacer a favor nuestro después de que hayamos dejado el cuerpo. Si Dios ha determinado que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, mienten aquellos que dicen que con algunos no pasará así. Por un lado, “Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare eso también segará” (Gálatas 6.7), por otro, “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10.34). Todo lo anterior nos deja muy mal parados a todos los hombres en edad de pecar, pues todos hemos pecado. Eso hemos hecho mientras estamos en el cuerpo. Pero hay un rayo de luz que nos llega en medio de tanta oscuridad. Se trata del hecho de que “…de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo” (Juan.3.16). Cristo vino del Cielo para ofrecerse en sacrificio por los pecadores. El sacrificio de Cristo podría salvar a todos los pecadores, en el caso de que todos ellos decidieran obedecerle: “Vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5.9) El rayo de esperanza para usted quien también tendrá que comparecer ante el tribunal de Cristo consiste en que usted puede creer en Cristio mientras está todavía en el cuerpo: Creer en él a tal grado que se arrepienta de su vida pasada y obedezca el evangelio y luego viva lo que le reste de vida esforzándose por servir a Dios. Si se pone a pensar en todo esto llegará a la conclusión de que, habiendo muerto Cristo por usted en la cruz, lo que le suceda en aquel día depende solamente de usted. Todo se reduce a si apreciará o menospreciará lo que Jesús hizo por usted. Por su propio bien no olvide que... ¡Usted estará allí! Jorge Rodríguez Guerrero.
Guadalajara, México, febrero 5, 2010
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