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Rasgos de la iglesia del Señor
Por Jorge Rodríguez Guerrero
La iglesia de Cristo tiene rasgos distintivos notables
los cuales provocan un gran interés en las personas sinceras cuando éstas
los llegan a conocer. En este folleto deseamos presentarle un puñado de
esos rasgos tan característicos de la iglesia del Señor.
Podemos comenzar diciendo que la iglesia de
Cristo tiene a la Biblia como su único libro "oficial". Libros
tales como manuales, artículos de fe, "constituciones,
"confesiones", etc., tan propios de los grupos denominacionales,
son rechazados en la iglesia del Señor. Esos libros, escritos por
hombres, o tienen más que la Biblia o tienen menos. Por supuesto, tienen
errores, y es muy claro que, por diferir entre sí, lo que logran es
dividir a las personas en sus creencias y prácticas. Sería imposible que
un hombre pudiera escribir un libro igual que la Biblia, y todavía más
imposible que escribiera uno mejor que ella. Creemos que la Biblia
contiene la voluntad de Dios para Su iglesia en su forma perfecta y no
necesitamos, ni queremos, obedecer las reglas escritas en ningún otro
libro. Lea 1 Co. 4.6; 1 Pe. 4.11; Ap. 22.18,19; etc.
Otro rasgo distintivo de la iglesia del Señor es que ella no
acepta ninguna autoridad legislativa que no sea la de Cristo mismo.
Aceptamos gustosos lo que él pretendió para sí mismo después de
resucitar: "Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra, por
tanto... haced discípulos... enseñándoles que guarden todas las cosas
que os he mandado" (Mt. 28.18-20). La palabra del Dios declara que
"...Cristo es la cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo...",
y que "la iglesia está sujeta a Cristo" (Ef. 5.23,24). Puesto
que Cristo tiene toda la autoridad para mandar a la iglesia, nadie más
tiene autoridad legítima alguna. Es por eso que la iglesia de Cristo no
tiene más cabeza que Cristo. Y no está sujeta a nadie sino a él, quien
recibió toda autoridad en el cielo y en la tierra. Dicho de otra manera,
la iglesia de Dios no tiene "papa", o "patriarca", o
"presidente", u "obispo general", como se estila en
las denominaciones, en las que un hombre o un grupo pequeño de hombres
legislan para el grupo, usurpando una autoridad que sólo le pertenece a
Cristo Jesús. La palabra apostólica, inspirada, contenida en el Nuevo
Testamento, es la ley de Cristo para Su iglesia. Como claramente dijo el
apóstol Pablo: "...lo que os escribo son mandamientos del Señor"
(1 Co. 14.37).
En estrecha relación con lo anterior está
la organización de la iglesia. Mientras que las denominaciones tienen una
sede, o central, en alguna parte del mundo (Roma, Nueva York, Guadalajara,
etc.), donde radica el jefe o cabeza, y desde donde emanan las órdenes
para los miembros en todas partes, la iglesia de Cristo no tiene en
ninguna parte del mundo un cuartel general. Sería imposible encontrar en
el Nuevo Testamento tal cosa. En efecto, un estudio concienzudo del Nuevo
Testamento acerca del asunto, llevará a la conclusión de que la única
forma de organizarse de los cristianos primitivos fue en congregaciones o
iglesias locales que funcionaron independientemente unas de otras bajo la
supervisión de sus propios obispos (la palabra obispo, EPISCOPOS en
griego, de EPI=sobre y SCOPEO=mirar, significa supervisor), los cuales no
tenían ninguna jurisdicción fuera del rebaño en el cual eran miembros
(Lea Fil. 1. 1; Hch. 20.17, 28; 1 Pe. 5. 1-4; etc.).
Es por eso que en el Nuevo Testamento no
solamente son desconocidos los términos "arzobispo",
"obispo general" o "regional", "cardenal";
"circuito", "diócesis", "arquidiócesis",
etc., sino también los conceptos que están detrás de tales términos.
El apego absoluto de la iglesia de Cristo a la
Palabra de Dios y el gran cuidado que ella tiene de no seguir doctrinas ni
ideas humanas, hacen que la iglesia del Señor tenga ciertas
peculiaridades interesantes. Entre ellas: Sus miembros sólo aceptan
llevar el nombre de cristianos (Hch. 11.26; 26.28; 1 Pe. 4.16). Nombres
tales como Metodista, Bautista, Católico, Luterano, etc., de invención
humana y de origen posterior a la época apostólica, son rechazados por
la iglesia de Dios. Así también, la iglesia sólo acepta ser llamada en
las formas que he puesto en negrita en este párrafo. (Lea Ro. 16.16; Hch.
20.28; 1 Co. 1.2; Ef. 5. 25; etc.).
En la iglesia de Cristo no hay mujeres
predicadoras o "pastoras", 1 Co. 14.34-35; 1 Ti. 2.11,12). La
mesa del Señor o partimiento del pan se efectúa el primer día de la
semana (lea en conexión Hch. 2.42 y Hch. 20.7 más 1 Co. 10.16,17). El
canto no es acompañado de música instrumental, la cual se introdujo en
el culto en el siglo séptimo en la denominación romanista, y todavía
tardó varios siglos en popularizarse. El uso de la música instrumental
la copiaron del romanismo los grupos protestantes (aunque no todos) que
surgieron de tiempos de Lutero en adelante. En la iglesia de Cristo los
actos de adoración son pocos y sencillos, exactamente como los prescribe
el Nuevo Testamento: Oración, canto, mesa del Señor, enseñanza de la
palabra de Dios y ofrenda dominical (Lea Hch. 2:42; 1 Co. 11:23-26; Hch.
20.7; 1 Co. 16.1-2; etc.).
La iglesia de Cristo cree absolutamente ser la
iglesia que Cristo edificó. Y al decir esto, queremos afirmar también
que Cristo edificó solamente una iglesia, y que todos los demás grupos
existentes (llamados "iglesias") surgieron después como
resultado del esfuerzo de hombres que actuaron sin autorización de Dios,
quienes tenían más bien la necesidad y el mandato divino de venir a ser
miembros de la iglesia que ya Jesucristo había edificado y comprado con
su sangre (Mt. 16.18; Hch. 20.28). La verdad es que desde el principio la
iglesia auténtica, única y verdadera no fue otra cosa que el conjunto de
seres humanos convertidos a Cristo y a su doctrina tal como la enseñaron
los apóstoles. Aquellos convertidos estaban decididos a esforzarse por
obedecer lo mejor posible la enseñanza apostólica. Toda desviación de
esto fue condenada por Dios y resultó en apostasía y sectarismo, y en
dejar de ser la iglesia de Cristo. (Lea Gá. 1.6-8; 1 Tim. 4.13; Hch.
20.29-30; 1 Co. 4.6; 2 Jn. 9; etc.).
Eso, irrefutablemente, fue y ha sido la iglesia
de Cristo; ninguna otra cosa más, pero absolutamente nada menos que eso.
Y eso exactamente somos nosotros: una comunidad de seres humanos decididos
a servir a Dios por medio de la obediencia a Su Hijo Jesucristo solamente,
sujetándonos a su doctrina enseñada por sus apóstoles tal y como ahora
se encuentra en las páginas del Nuevo Testamento, y aceptando que si nos
desviáramos en alguna forma de la Palabra de Dios, perderíamos el favor
de El, dejando de ser Su iglesia. (Lea 2 Jn. 9-10).
La iglesia de Cristo tiene otro rasgo muy
distintivo. Los miembros de ella aceptamos gustosos platicar con cualquier
persona, incluyendo aquella que crea que en algo estamos equivocados. No
rehuimos el diálogo, sino que le damos la bienvenida. Nunca pondríamos
en nuestra puerta algún letrero que dijera: "Este hogar es de
cristianos; rechazamos toda propaganda protestante o de cualquier
secta". Al contrario, siempre nos sentiremos contentos de poder
escuchar a cualquiera que llegue a nuestra casa, y de platicar nuestras
diferencias. Creemos que por basarnos totalmente en la Palabra de Dios
para nuestra creencia y nuestra práctica, estamos en el camino correcto y
verdadero, puesto que la Palabra de Dios es la verdad (Jn. 17.17). Y también
creemos que la verdad no teme al examen. Y si alguna vez alguien nos señalara
algún punto de la Biblia que inadvertidamente hubiéramos pasado por
alto, no estaríamos perdiendo nada, sino ganando mucho. Y es que creemos
que un requisito para ser aceptados por Dios es tener siempre un verdadero
amor por la verdad (2 Tes. 2. 10-12).
Estimado amigo: Por supuesto, estos rasgos que
aquí hemos señalado tan brevemente no le hacen conocer completamente lo
que es la iglesia. Pero sí le dan una idea clara de quiénes somos y de
por qué somos como somos. Como decíamos al principio, el conocer estos
rasgos de la iglesia de Cristo siempre ha llamado poderosamente la atención
de las personas sinceras. Si usted quiere conocer más acerca de nosotros,
venga a nuestras reuniones, donde siempre será bienvenido. Observe,
escuche, pregunte. Usted pronto notará la gran diferencia.
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