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PROSPECTANDO AL EVANGELIZAR
Por Jorge Rodríguez Guerrero
Estoy partiendo desde la suposición válida de que mis lectores son cristianos fieles que saben que tienen la tarea de predicar el evangelio a las almas perdidas. Ellos pueden desesperarse porque aparentemente no logran mucho. Claro que logran más de lo que puedan pensar o ver. La Palabra no vuelve vacía. El resultado definitivo de nuestros esfuerzos solamente Dios lo sabe. No obstante se nos ha dicho claramente que nuestra predicación es olor de muerte o es olor de vida dependiendo de cómo es recibida (2 Co 2.14-16). La Palabra es enviada para salvar o para dejar sin excusa a los que la rechazan. Entonces cada vez que le hablamos a alguien, algo va a pasar. Podría extenderme en esto pero no. Solamente estoy introduciendo mi asunto. Quiero mostrar que no obstante lo dicho, es válido que nosotros seamos selectivos en cuanto a quién le hablamos. Hay personas que son más sinceras que otras. No todos aman la verdad al mismo grado, ni todos se alegran igual cuando conocen el evangelio verdadero. O para aplicar unas palabras del Señor a cierto hombre, hay personas que están más cerca del reino que otras. Ahora bien, no es difícil comprender que en la medida en que una persona sea más sincera y amante de la verdad, aumentan las probabilidades de que llegue a abandonar los falsos caminos y de que venga a ser cristiana. Recuerdo (me apresuro a decir que mi memoria es pésima) haber leído acerca de lo que sucedió en el siglo antepasado en una ocasión en la que un predicador pionero de Estados Unidos llegó a un pueblo para ser el primero en hablar del cristianismo auténtico. Uno de los concurrentes narró después que mientras nuestro hermano presentaba las verdades de Dios tan contrastantes con lo que se predicaba, (y se predica aún en las denominaciones), apareció en la puerta un habitante del pueblo que se distinguía por expresar que lo que el leía en la Biblia muchas veces no encajaba con lo que enseñaban los predicadores de las iglesias. El recién llegado comenzó a caminar hacia el predicador muy despacio, muy atento a lo que se estaba predicando mientras que todos los presentes lo observaban. No se sentó sino que vino a estar de pie muy cerca del predicador sin perder palabra. Finalmente habló diciendo que eso era lo que él por muchos años estuvo deseando escuchar. Poco después fue bautizado para el perdón de sus pecados. Lo anterior es un ejemplo perfecto de lo que quiero decir. Aquel hombre ya estaba preparado en su mente y en su corazón para recibir el mensaje. O, para usar una expresión propia del mundo de las ventas, era un gran prospecto para “comprar” el producto que ofrecía nuestro hermano predicador. La idea para mi artículo en la que había estado pensando por un tiempo se me redondeó hace unos días cuando le escuché a un joven predicador un mensaje que hablaba de las características de tres personajes del libro de Los Hechos que no eran cristianos: el etíope, Cornelio y Lidia. Ellos tenían muchas cualidades. El hermano terminó diciendo que ellos pronto se convirtieron al Señor. Piensen en el eunuco etíope. (Hch 8. 26 en adelante). Aunque podría, no me extenderé en sus grandes cualidades. Lo que me interesa es que notemos que fue hacia él precisamente que Felipe el evangelista fue dirigido por el Espíritu Santo. Estaba muy lejos de Felipe, era un viajero solitario en un camino solitario, pero a él fue conducido el predicador. ¿Es muy difícil ver que Dios vio en el etíope un perfecto prospecto para el cristianismo? O vean el caso de Cornelio, de quien se puede decir lo mismo. Yendo hasta el otro extremo, bien podemos aplicar las palabras del Señor: “No echéis las perlas a los puercos”. Hay gentes que no valoran en lo más mínimo las cosas espirituales. Usted platica con ellos y pronto escucha cosas terribles, si no blasfemas. ¿Por qué perder nuestro precioso tiempo allí siendo que posiblemente si continuamos llevando las buenas nuevas nos encontremos a alguien parecido al etíope? ¿Y no enseñó algo parecido nuestro Maestro cuando les instruyó a sus enviados sacudirse el polvo de sus pies ante ciertas reacciones al mensaje? No hay duda. La Palabra nos enseña algo en cuanto a “prospectar”, volviendo a usar la expresión de las ventas. Y es que en realidad hay mucho parecido entre el mundo de las ventas y el mundo de la evangelización. Recuerdo haber leído cuando joven un best seller muy ameno e instructivo, titulado El vendedor más grande del mundo. Lo que me llamó la atención fue que el autor al final dice que el “título” vino a merecerlo el apóstol Pablo, quien, ya lo sabemos, fue el mejor predicador del evangelio que ha tenido nuestro bendito Señor. Su servidor se ha ganado el pan la mayor parte de su vida activa siendo vendedor. Queriendo conocer el oficio me procuré un buen número de libros sobre ventas. Aprendí que un buen vendedor es primordialmente un buen prospectador. No me extenderé en esto. Solamente diré que un buen vendedor no gasta su tiempo en personas que no reúnen al menos algunos de los requisitos de un prospecto aceptable. Por ejemplo, si vende equipo médico no se detendrá con un impresor. Si ha notado que al hombre que tiene enfrente lo manda su mujer, tratará de venderle no a él sino a ella, quien es la que tiene el poder de decisión. Etc. En los párrafos de más arriba mostré que hay de personas a personas en cuanto a la recepción del mensaje de Dios. El mandamiento es el de predicar el evangelio a toda criatura, sí. Pero al hacerlo detengámonos más con aquellos que muestran mejor actitud hacia la verdad, y dejemos atrás a los que claramente muestran un menosprecio hacia el contenido del evangelio. Seguramente, con el poco tiempo que la vida y las durezas de la vida nos dan para la evangelización, haciéndolo así seremos más exitosos en lograr que personas se conviertan al Señor y se salven
Guadalajara, México, julio 27, 2010
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