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ARTÍCULOS Lo mejor de nuestra carrera está en la primera etapa de la recta final Por Jorge Rodríguez Guerrero
Creo no ser el único que dice que la diferencia entre un evangelista y un cristiano cualquiera, como usted y como yo, es que el evangelista dedica todo su tiempo a la obra y que los demás, teniendo que trabajar para sostener a nuestra familia (“el que no provee para los suyos....), solamente podemos hacer la obra en nuestro tiempo libre. De esa manera combatimos la idea de que los únicos que tienen la obligación de predicar a los perdidos, son aquellos hermanos sostenidos para hacer esa obra. Aquellos que dicen, “Que predique él, pues para eso le pagan” no son tan pocos entre nosotros. A ellos les citamos aquellas palabras de Hechos 8 que dice que “los que fueron esparcidos, iban por todas partes....). Los que fueron esparcidos desde Jerusalén fueron la generalidad de los hermanos, no los predicadores. En efecto, el pasaje dice que los predicadores por excelencia, los apóstoles, no pertenecieron al número de los esparcidos. Partiendo de lo anterior surge una pregunta en mi mente: ¿No debería entonces haber muchísimos hermanos dedicando la mayor parte del tiempo a la predicación? Y por supuesto no estoy hablando de los predicadores sostenidos. ¿De quiénes estoy hablando? De aquellos cristianos que no necesitan trabajar para sostener a su familia. Usted puede preguntar: ¿Y quiénes son estos hermanos? Y hasta puede que razone: El hermano Jorge no se está refiriendo a los hermanos ricos, que son poquísimos pues ha escrito “muchísimos hermanos”. Tiene razón, estimado hermano lector. Yo no hablo de los ricos, que los hay, pero que son pocos. Cómo quisiéramos que estos hermanos ricos, consideraran que con los intereses de su capital ya tienen para vivir el resto de sus vidas y que en vez de querer ganar más dinero, decidieran emplear su tiempo en salvar a los perdidos llevándoles el mensaje de Cristo. Pero no hablo de ellos, que son muy pocos. Hablo de los cristianos que por su edad han sido pensionados y que por eso ya no trabajan. “Ya no trabajan”, dije. Desafortunadamente, hay muchas personas que aunque pensionadas, necesitan trabajar pues la pensión es muy raquítica y no les alcanza para vivir, sobre todo si por lo que haya sido no lograron hacerse de una casita y de otras cosas para la senectud. Pero en mis andanzas entre las congregaciones siempre he visto a hermanos retirados de sus empleos que no trabajan. De estos, que no son pocos, estoy hablando. Algunos de ellos se convirtieron muchos años atrás. El sistema de vida que el Señor les enseñó los hizo sabios y prudentes y el dinero que ganaron les rindió de modo que ahora no tienen deudas. Ahora ellos pueden vivir sin trabajar, aunque en forma modesta. Si ellos tuvieron hijos y los educaron en el Camino, no les falta una que otra ayuda económica de ellos, ayuda que es incluida en el mandamiento de honrar a nuestros padres, (Mt. 15.3-6). Es más, dondequiera se ven casos de hermanos mayores que lograron dar buena educación a sus hijos, quienes con gusto y facilidad les dan dinero en forma constante. Seamos claros. No son pocos los hermanos de cierta edad que ahora tienen tiempo para predicar el evangelio. Pero, ¿lo hacen? Algunos sí; los más no. Aquí estoy afirmando que estos hermanos nuestros deberían dedicar los pocos años de suficiente salud que les quedan a predicar el evangelio. Para usar una expresión bíblica, deberían “redimir bien el tiempo”. Ellos deberían de decirse: “Ahora que tengo tiempo, trataré de llevar el evangelio a todos los que pueda: Tal vez hasta logre que pocos o muchos se salven”. Entre nuestros hermanos mayores hay muchos que habiendo escuchado innumerables sermones y lecciones tienen mucho conocimiento bíblico. Luego, la vida les ha dado mucha experiencia y sabiduría que serán de gran ayuda en su obra de predicación. A estos hermanos el Señor los ha colocado en una muy privilegiada situación entre los cristianos. Esa situación, hay que decirlo, solamente durará unos cuantos años, pues los achaques de la vejez aumentarán hasta que llegue el día en que ya no puedan, aunque quieran, tomar su biblia y levantarse para ir a predicar el evangelio. Será magnífico que ellos después puedan decir: “El Señor me dio unos años en que tuve el tiempo y la oportunidad de llevar el evangelio a cientos o a miles de personas. Esos años no los desperdicié. Mi Dios sabe que si ya no voy a la obra, es porque realmente ya no puedo”. ¿No nos ponemos a pensar que el Señor nos demandará cuentas del tiempo disponible en que pudimos hacer algo por la obra? Ahora, hagamos cálculos. ¿Se imaginan ustedes cuántas horas-hombre tiene el Señor a su disposición en los hermanos pensionados con que cuenta la hermandad? Miles cada día. Ese segmento maravilloso puede hablar del evangelio a miles y miles cada día. A cientos de miles, tal vez a millones, cada año. Todas esas personas que escuchen el evangelio de Cristo, recibirán la bendición más grande que se puede recibir: La oportunidad de salvarse. Admitidamente, muchos no aceptarán la salvación, pero la parábola del sembrador y la experiencia nos enseña que una porción de los que escuchan el evangelio, lo obedecen. Entonces, nuestros hermanos pensionados son un factor importante en el crecimiento de las congregaciones. Es interesante que en el caso de muchos cristianos, los mejores años de vida activa en la obra de Cristo, pertenecen a la parte tardía de sus vidas. ¡Qué manera tan plena y tan feliz de pasarse algunos años! (Tal vez algunos de nosotros tengamos la dicha de que antes de que lleguen esos años partamos a estar con Cristo, lo cual será muchísimo mejor). Hermano mío: ¿Está usted ahora en esos años privilegiados de su vida? Aprovéchelos. Tome ahora su biblia y salga de su casa. No tardará casi nada en encontrar a su primer contacto. Hermano más joven: Haga planes para esos años maravillosos que tal vez pueda llegar a vivir. Prepárese intelectual y espiritualmente para ellos. Como decimos, esos años de la parte temprana de la vejez son los mejores años de la vida de los cristianos fieles. Anhele llegar a ellos. Ya desde ahora sueñe con disfrutarlos a plenitud, haciendo la obra de Cristo.
Junio 16, 2005
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