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LA NECESIDAD DE LA CONTROVERSIA |
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David Lipscomb, uno de los verdaderamente grandes predicadores de antaño, escribió:
Una vez leí en un libro de historia de los Bautistas que en ciertos dos años del siglo diecinueve ellos habían perdido 10,000 miembros tan solo en el estado de Kentucky al venir estos a la iglesia del Señor. Efectivamente la iglesia tuvo un crecimiento fenomenal en la primera mitad del siglo antepasado. Pero cualquiera que lee acerca de la historia de la iglesia en ese período, sabe que fue también una época de debates con los líderes de las sectas. Lo anterior va de acuerdo al concepto del hermano Lipscomb acerca de la gran ayuda que la controversia da al avance de la verdad. Pero no es necesario que recurramos a los escritos de Lipscomb o a un libro de historia de los Bautistas para aprender la necesidad de la controversia. La Biblia es absolutamente clara al respecto: "Amados, mientras me esforzaba diligentemente por escribiros acerca de nuestra común salvación, sentí la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que fue una vez para siempre dada a los santos". Lucas en su inspirada historia de la iglesia nos hace ver que en el primer siglo los buenos predicadores eran hombres de controversia. Y por ello hacían que la iglesia prosperara. Nótense estos pasajes: Y discutía [Pablo] en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos" (Hch. 18.4.). "Y entrando Pablo en la sinagoga habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios... discutiendo cada día. ... así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús" (Hch. 19. 8-10) "Y llegado él [Apolos] allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo" (Hch. 18.27-28). Leer con cuidado el capítulo 15 del Libro de los Hechos equivale a aprender una buena lección: cuando alguien en la iglesia comenzó a enseñar un error, surgió la controversia como el medio adecuado para combatirlo. ¿Qué más se requiere para mostrar la importancia y la necesidad de la controversia? Si la iglesia ha de crecer verdaderamente en nuestra comunidad, tenemos que ser controversistas. Que el adventista, pentecostal, mormón, bautista, etc., sepa de una vez y para siempre que allí cerca hay alguien quien no le permitirá enseñar sus doctrinas sin buscar la oportunidad de saltar a la palestra. Que el honesto buscador de la verdad pronto se entere de que en la comunidad hay un grupo de personas que están dispuestas a defender lo que creen ante cualquiera que se atreva a contradecir. Si la iglesia ha de conservarse pura, tenemos que ser controversistas. Que todo hermano entienda que debe estar seguro de lo bíblico de su enseñanza antes de hacerla pública, pues no faltará quien ponga en tela de juicio lo que enseña. Aquel quien no tiene esa seguridad es quien se quejará de que alguien le salga al paso. El que ama la verdad deseará el debate, pues comprende que Lipscomb estaba en lo cierto cuando dijo: "Suprimir la discusión es privar a la verdad de su ventaja". Estemos pues, como ordena Pedro (primera carta 3.15), preparados para la controversia. Cuando queremos ser verdaderamente fieles al Señor, ésta no puede dejar de existir.
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