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La impresionante historia del doctor Bernard Nathanson Por Jorge Rodríguez Guerrero
No hace mucho, apenas el 21 de febrero de este 2011, falleció el doctor Bernard Nathanson, de quien quizás usted haya oído. Si así es, entonces el conocimiento de su muerte debe traerle a su mente uno de los asuntos morales más graves que nos ha dejado la historia reciente. Me refiero a la aceptación del aborto por un gran segmento de la sociedad occidental y específicamente a la legalización del aborto en los Estados Unidos en 1973. Este suceso ha tenido repercusión a nivel mundial. En 1973 un caso legal en Texas en que una mujer defendía su derecho a abortar llegó hasta la Corte Suprema de los Estados Unidos la cual le concedió la razón. El caso es famosísimo y se le conoce como el caso Roe vs Wade (“Jane Roe” era el seudónimo de Norma McCorvey). La corte examinó el caso de Texas junto con un caso similar en Georgia y determinó que una mujer tiene derecho constitucional a abortar. Con la legalización causada por ese histórico fallo se dispararon los abortos. Se estima que en Estados Unidos cada año hay 1.3 millones de abortos. Imagínese los millones de abortos legalizados efectuados a nivel mundial. (La decisión de la Corte ha sido muy criticada a través de los años por parte de destacados y famosos juristas norteamericanos incluidos varios que están a favor del aborto). Volviendo al personaje que nos ocupa, el obstetra-ginecólogo Nathanson fue un destacado activista pro legalización del aborto del estado de Nueva York en los últimos años sesentas y los primeros setentas del pasado siglo veinte. En ese tiempo en el estado de Nueva York se podían realizar abortos, pero con grandes limitaciones legales. La gran razón de Nathanson para emprender una cruzada a favor de la legalización del aborto fue la gran cantidad de muertes en el hospital donde trabajaba de mujeres pobres que habían tenido un aborto en la ilegalidad, en condiciones a veces espantosas. El fue el cofundador de un movimiento (NARAL, por sus siglas en inglés) que usando engaños y exageraciones, según él mismo lo confesó años después, causó un gran efecto en muchos ámbitos sociales y religiosos que incluyeron a muchas iglesias protestantes. NARAL logró que en 1970 el aborto se legalizara en el Estado de Nueva York. Ese año el movimiento pudo fundar una clínica de la cual su primer director fue el propio Nathanson. Con 35 médicos y 85 enfermeras bajo su mando, entre 1970 y 1972 la clínica realizó 75 mil abortos: 120 abortos diarios en diez quirófanos de los cuales 5 mil fueron efectuados personalmente por Nathanson. No por nada este doctor se ganó el apodo de “El rey del aborto”. Pero como se verá más adelante, no fue su estremecedor récord de abortista lo que hace de su reciente muerte una noticia mundial. En 1972, cansado de su mala fama de abortista y de ser mirado como un paria por la comunidad médica de Nueva York, renunció a su puesto en la clínica y se fue a trabajar en el Hospital Saint Luke donde continuó realizando abortos pero ahora en una escala mucho más baja. Al leer un artículo (Deeper into Abortion, algo así como profundizando en el asunto del aborto) que Nathanson publicó en el New England Journal of Medicine en noviembre de 1974, uno concluye que en esa época el doctor comenzaba a reconsiderar el asunto del aborto. No mucho después habiendo él mismo observado la realización de un aborto por succión de un feto de doce semanas con un aparato sofisticado de ultrasonido, se convenció de que el feto experimentaba dolor mientras era desmembrado por medio de la succión. El doctor quedó tan impresionado que decidió no volver a practicar abortos. Pero tuvo que pasar algún tiempo todavía de estudios y observaciones de abortos para que Nathanson hiciera público su cambio y se pusiera al lado del movimiento Pro-vida que lucha con todas sus fuerzas en contra de la práctica del aborto. Y así el hombre que había luchado férreamente a favor del aborto se dedicó por entero y por toda su vida a combatirlo, escribiendo libros, produciendo documentales y dando conferencias en muchas partes del mundo. Los abortistas buscaron por todos los medios de desprestigiarlo. Cómo no, si Bernard Nathanson, habiendo antes sido el más famoso abortista, ahora era el antiabortista más famoso y reconocido del mundo. En 1984 Nathanson produjo un documental filmado en el que explica, al tiempo que muestra con lujo de detalles, un aborto por succión. Es impresionante. Usted lo puede ver en Internet entrando a YouTube.com. Se llama en inglés The Silent Scream y en español El Grito Silencioso. Por supuesto hubo terribles reacciones hacia el vídeo acusando al doctor de manipulación, exageración y mentiras. Nathanson respondía en una forma muy simple desafiando a sus oponentes a hacer su propia filmación y mostrársela al público. Hasta su muerte él dijo: “Nunca han aceptado mi desafío pues ellos saben lo que mostraría su propio vídeo”. Nathanson era de raza judía. Pero muy joven dejó el judaísmo y se hizo ateo. Todavía en sus primeros años de convicción contra el aborto se refería a sí mismo como “el ateo pro-vida”. Cuando joven él había tenido un maestro judío que lo impresionó mucho. Ya en los años ochenta Nathanson se encontró con un libro escrito muchos años antes por su admirado maestro, el doctor Carl Stern. En el libro The Pillar of Fire Stern relata su conversión del judaísmo al cristianismo, específicamente al catolicismo. La lectura de ese libro y su relación con los creyentes pro-vida hicieron que Nathanson abandonara el ateísmo. Años después, en 1996, fue bautizado en la Iglesia Católica, contra la cual había luchado tanto en sus días de activista a favor de la legalización del aborto. A este hombre, quizá más que a cualquier otro, se debe que miles de hombres y mujeres antes a favor del aborto hayan cambiado, lo mismo que muchísimos médicos. Hay un par de casos que vale la pena incluirse en el contexto de este artículo, aunque no pueda yo probar que Nathanson tuvo algo que ver con ellos. Más arriba expliqué el caso legal de Norma McCorvey, cuya demanda a favor del derecho de abortar causó que al fallar en su favor la Suprema Corte se legalizara el aborto en 1973. Años después la señora McCorvey renunció a su posición y se convirtió en una activista pro-vida. También dije que la Corte estudió también otro caso para su decisión. Se trata del caso de la señora Sandra Cano del estado de Georgia. La señora Cano también hoy pertenece a las filas del movimiento pro-vida. Lo que ha hecho que tantos hombres y mujeres se alineen en contra del aborto, es el convencerse de que el feto es en realidad un ser humano vivo que es privado de la vida por medio del aborto. Y de acuerdo al doctor Nathanson, quien sabía de lo que hablaba, el feto es privado de la vida en medio de un horrible sufrimiento. En sus conferencias el doctor se refería a sí mismo como un asesino de masas por haber participado en 75 mil abortos. Los abortistas hablan a favor del derecho de la mujer a decidir qué hacer con su cuerpo y con su vida. A muchas mujeres les atrae el argumento. Pero los antiabortistas replican que ella no tiene derecho a decidir qué hacer con un cuerpo que no es el de ella y una vida que no es la suya. Al abortar ella está llevando a la muerte a su propio hijo, quien durante el aborto es el ser humano más desvalido enfrentándose a los instrumentos de muerte de quien realiza el aborto. Con el fallecimiento del doctor Bernard Nathanson acaecido el 21 de febrero de este año la causa pro-vida se ha quedado sin su mejor carta. A su vez incontables bebés, no nacidos unos y aún ni siquiera concebidos otros, han perdido a su más grande defensor.
Guadalajara, México, abril 7, 2011
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