Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

 

 

 

 

UN LUGAR DE REUNIONES PARA LA CONGREGACIÓN MODESTO,

PERO BIEN UBICADO

 

Por Jorge Rodríguez Guerrero 

 

Yo vivo desde hace casi tres años en la gran ciudad de Guadalajara, Jalisco, México, cuya zona metropolitana tiene unos cinco millones de habitantes. También me ha tocado estar viviendo en, o visitando, otras ciudades grandes. Por lo que he visto en mi ciudad y en otras, la generalidad de las congregaciones en las ciudades grandes  solamente pueden aspirar a tener lugares de reunión en colonias o barrios populares de la periferia (hasta hace poco mi esposa y yo nos reuníamos en una congregación con su lugar de reuniones en construcción ubicada a trece kilómetros de la ciudad). Todos sabemos que los terrenos o propiedades no demasiado lejanos del centro tienen precios prohibitivos para casi cualquier congregación de nuestros países del tercer mundo.

    1. El problema de la lejanía. Si todos los miembros de una congregación vivieran en el mismo barrio o cerca de él, no habría problema; un   camión (bus) urbano o una caminata sería todo lo necesario para que los hermanos asistieran a las reuniones. Pero he notado que la generalidad de las congregaciones tienen miembros, a veces la mitad o más que viven lejos, a veces muy lejos, del lugar de reunión, (como sucede en la congregación donde ahora soy miembro). Estos hermanos a veces necesitan una hora o hasta dos para llegar a los servicios y en muchos casos deberán emplear dos camiones urbanos (excepto los que tienen un auto, lo cual en nuestras economías tercermundistas no es lo común).

    Para ellos, sobre todo si componen una familia no tan pequeña, la asistencia es un verdadero sacrificio. Además de gastar mucho en transporte algunos de ellos vuelven de la reunión a su hogar ya muy entrada la noche. Para no hablar de los muchos casos en que la hora de la salida de los trabajos imposibilita la puntualidad de los hermanos. Esta situación es un verdadero problema para cualquier congregación en países pobres.

    ¿Habrá una manera de hacer las cosas de modo que el problema se reduzca en forma considerable? Yo he pensado en una solución. (Aunque la idea presentada aquí surgió pensando en el problema de las ciudades grandes, por supuesto lo que propongo puede hacerse en casi cualquier lugar, con ciertas adaptaciones).

    2. La solución propuesta.

   1) No estoy hablando de algo que no requiera un esfuerzo económico, pero, a juzgar por lo que pasa en la pequeña congregación (de unos 15 miembros) donde soy miembro  desde hace unos meses, por muy pobre que sea una iglesia, si los hermanos ofrendan con cierta generosidad, lo que estoy proponiendo aquí es posible. (Me apresuro a decir que en ciudades donde las temperaturas pueden ser muy altas o muy bajas, mi plan sería impráctico. Pero yo sé de muchas ciudades que tienen un clima más o menos templado; son esas ciudades las que tengo en mente).

    2) De lo que se trata es de pensar, no en que la congregación edifique una casa de oración, que quizás sería muy conveniente pero que es algo muy costoso aun llevándolo a cabo a paso de tortuga. Tampoco estamos aquí pensando en rentar una casa más o menos bien ubicada, pues pasa lo mismo: Las rentas de una casa con una sala suficientemente grande para las asambleas son, hasta donde sé, tan caras que la congregación casi no tendría nada para otras cosas. Lo que se propone aquí es una solución económica y a corto plazo. ¿De qué se trata?

    3) Se trata de hacerse de un terreno que se irá pagando a plazos. ¡Y que la iglesia se reúna en ese terreno!  ¿Una locura? No tanto, como veremos.

    3. Desmenuzando "la solución terrenal"

    1. El terreno no debe estar en una colonia orillera.

    Debe más bien estar en un barrio o colonia no demasiado lejos del centro. Un requisito es que el terreno esté más o menos cerca de una (o varias) calle o avenida por donde circulen varias líneas de buses urbanos. Es decir, hasta allí podrían llegar personas de varios rumbos de la ciudad sin tener que transbordar. La conexión por las líneas de autobús entre el lugar de reunión y otras colonias, que pueden ser muchas, alarga enormemente el radio de acción de la congregación en su obra de evangelismo.

     2. El terreno no debe estar en una esquina, sino que debe haber casas ya edificadas a los dos lados.

     Por lo que he visto en mis andanzas en muchas ciudades mexicanas y una que otra fuera de México, creo que si uno busca con ahínco encontrará sin demasiada dificultad un terreno baldío en venta ubicado como ya dije entre dos casas. ¿Por qué entre dos casas? Las paredes o bardas ya hechas en las dos casas aledañas son simplemente para que junto con la pared trasera de la casa colindando con la parte trasera de nuestro terreno, sirvan como una protección. Bardear el terreno sería muy costoso. Si se construye una barda con una puerta en el frente, en la acera de la calle, el terreno estará privado y protegido. Si no hay una barda en la orilla trasera del terreno habrá que hacerla, pero esto ya es más remoto.

     3. La parte económica del proyecto.

    1) Pienso que si una iglesia cuyos miembros "siembran generosamente", cual es el mandamiento, dedica una parte sustancial de sus colectas semanales al "fondo del terreno" en un año o algo así tendrá lo suficiente para pagar el "enganche" o primer pago que puede ser tal vez la quinta o cuarta parte del valor del terreno, que por supuesto no tiene que ser muy grande. Si es de unos ocho o diez metros de frente por unos 20 de largo más o menos será más que suficiente.

    2) Ya con el terreno a nuestra disposición, tendremos que hacer ciertos gastos: El de la pared o barda de enfrente con su puerta que no cuesta tanto, y menos si los mismos miembros se juntan a construir la pared (en muchas congregaciones hay uno o varios hermanos que saben de albañilería que podrán dirigir la obra). Habrá que contratar enseguida el agua entubada de la ciudad y la electricidad, y conectar el  drenaje, gastos que no le quitan el sueño a casi nadie. Como el real problema es ¿qué habrá sobre nuestras cabezas para el sol o la lluvia?, el siguiente gasto será el de una especie de tienda o carpa no muy baja tal vez de lona o de otro material. Una carpa que podría al principio tener solamente lo de arriba (techo), que mida unos 5  por 8 o 10 metros no debe ser muy cara y hasta su armazón puede ser construida por los mismos hermanos con tubos metálicos o algo parecido.  La carpa, que debe ser colocada más o menos en el centro del terreno, puede al principio, estar sobre el suelo que deberá ser nivelado, aplanado y regado (procurando que no sea durante el temporal de lluvias o el invierno).  Uno o dos cuartitos de baño alejados de la carpa son una necesidad. No importa donde se haya estado reuniendo la congregación ella ya tiene sillas o bancas que serán llevadas al nuevo lugar.

    3) A estas alturas del proyecto la congregación ya tendrá su propio lugar de reuniones. Ahora sus únicos gastos fijos en este renglón serán el pago del agua, del drenaje y de la luz y el pago mensual del terreno. El paso siguiente es hacer un piso tal vez de ladrillo y concreto poco más grande que la superficie de la carpa quizás de una altura de 15 o 20 centímetros sobre el suelo pensando en cuando lleguen las lluvias. Ni para qué decir que la carpa y el piso podrán ser agrandados cuando sea necesario. (Por supuesto jamás se hará nada, ni siquiera clavar un clavo, en las paredes ajenas). La llegada de la temporada de  lluvias o la invernal requerirá tal vez plásticos gruesos, para los lados de la carpa, un gasto no tan grande. A su debido tiempo se conseguirán un par de carpas más pequeñas para las clases.

     4) Si con el tiempo se le da su acabado a la pared de la calle y se pinta con cuidado al igual que la puerta, no obstante su sencillez el lugar tendrá cierto atractivo exterior. En cuanto al interior, alrededor de la carpa, el lugar puede tener su belleza. Macetas, espacios con flores y andadores entre ellos, pueden hacer del lugar algo verdaderamente atractivo. El costo de todo esto será casi nulo, pues los hermanos se alegrarán de cooperar, hoy con una maceta, mañana con un rosal o un geranio, etc. He notado que en todas las congregaciones hay hermanas amantes de las plantas y de las flores. Ellas estarán felices de cuidar con esmero las flores y las plantas del lugar dedicado al servicio de Dios. Los varones pueden turnarse para acudir a regar las plantas entre semana.

    Puedo equivocarme, pero un terreno así, puede albergar a una congregación de unos 30 o 40 miembros, quizá más, quienes estarán felices de contar con un lugar de reuniones modesto, económico, funcional, y a la vez atractivo.

    4. Mirando el futuro.  Con el paso de los pocos años, la congregación crecerá lo mismo que sus medios y los hermanos tal vez querrán poner sus propias paredes al rededor del terreno y comenzar a construir una pequeña casa de oración. O, mejor, ellos  podrían querer repetir la aventura vendiendo su terreno para enganchar otro todavía mejor ubicado y más grande.

 

    Yo veo todavía una posibilidad a futuro que personalmente me parece aun mejor: Cuando la congregación crezca y su "tabernáculo" llegue a ser insuficiente pueden hacerse planes para que ella se duplique dándole al segmento que constituirá  la nueva congregación el dinero para enganchar su terreno, y comprar su carpa o tienda.  ¡La misma cosa podrá hacerse cada vez que la carpa vuelva a ser insuficiente!  Esto haría realidad el sueño mío, que me gustaría fuera el de muchos: Que llegue el tiempo cuando a través de la gran ciudad estén surgiendo constantemente congregaciones  con sus propios lugares de reuniones, modestos por supuesto, pero funcionales y, como decía al principio, mejor ubicados.

 

Guadalajara, México, septiembre 10, 2010