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LAS MAÑANAS DEL CRISTIANO
Por Jorge Rodríguez Guerrero
Las mañanas de los cristianos son cosa buena, muy buena. Tal vez deba, en aras de la exactitud, decir "las mañanas de los cristianos fieles". ¿Por qué las mañanas son algo muy bueno en la vida de los cristianos? Por muchas cosas. Comencemos diciendo que para el cristiano cada mañana es un motivo y un tiempo perfecto para glorificar a Dios. ¿Podría haber una manera mejor de comenzar su día que glorificando al Señor del Cielo y de la Tierra? Glorificarle es nuestro inefable gozo. Es nuestro gran privilegio. Dios es tan bueno, tan misericordioso, tan poderoso, tan perdonador, tan generoso, que apenas despertamos y ya está Él provocando en nuestros corazones una palabra sencilla y sincera de gloria y de loor. El cristiano abre los ojos e inmediatamente ve cuán bendecido es. Casi siempre tiene una casa para vivir, cuando hay tantos indigentes carentes de todo, hasta de un techo. Excepto que la economía esté muy mal, al despertar el cristiano sabe que en cuestión de minutos podrá disfrutar de la bendición de un buen desayuno; él nunca o casi nunca ha estado en el caso de tantas gentes que amanecen sin nada que llevar a sus bocas ni dinero con qué comprar algo. La esposa a nuestro lado, si somos casados, es una gran bendición. Si los tenemos, nuestros hijos, que son herencia de Jehová nos hacen inmensamente felices; El empleo que tenemos, si estamos en el caso de la gran mayoría de los cristianos, es una muy grande bendición. Menciono unas cuantas cosas de muchas más que harían la lista larguísima. Hasta aquí la referencia es a las bendiciones materiales de las que el cristiano es objeto constantemente. En realidad, ellas también son recibidas por los demás mortales. Dios hace salir su sol (y lo que él representa) sobre buenos y malos; aquí la diferencia es el empleo que de ellas hace el hombre de Dios y el efecto que el recibirlas causa en su alma. Pero si hablamos de bendiciones existen aquellas que solamente los cristianos reciben: Las espirituales, que incluyen, el perdón, la comunión con Dios, las promesas para el alma, los oídos de Dios atentos a sus oraciones, la esperanza, etc. La mención de unas y otras me sirven para afirmar que el cristiano abre los ojos en la mañana, mira a su alrededor e inmediatamente comprende cuán bendecido es. Así, cada mañana es ya en sí misma un motivo para acercarse al trono de la divina gracia con una expresión de gratitud. El cristiano sabe que haber amanecido con vida es motivo de agradecimiento, aun si está pasando por alguna enfermedad. Cuántas personas no abrieron sus ojos esta mañana. Cómo no agradecer la mayoría de nosotros la salud que nos permitirá las actividades planeadas, actividades en las que siempre está presente nuestro deseo de agradar a Dios. Ya nos referíamos en el párrafo anterior a lo bendecidos que somos; cada bendición recibida es un motivo de gratitud. El cristiano considera la primera parte de la mañana como un tiempo muy apropiado para pedir. Pedir al cielo las bendiciones que estamos necesitando, pedir la protección divina. Pedir por los nuestros. Pedir por nuestros hermanos. Pedir por las congregaciones, sobre todo por aquellas que están pasando por dificultades. Implorar por los enfermos, hermanos o no, sobre todo por las víctimas de enfermedades muy dolorosas, incurables o terminales. Teniendo tantas cosas qué pedir, ¿Cómo no dedicar un tiempo de la mañanita para rogar al Señor? Por supuesto la oración mañanera es solamente la primera de muchas en el día. La vida del cristiano fiel es una de oración: El obedece el mandato“Orad sin cesar”. El se acuesta orando y se levanta orando. Pero la oración matutina tiene algo de especial. Las mañanas del cristiano son muy diferentes a las de otros por una razón muy sencilla: Su vida —y su día— tiene un propósito. Muchos llevan vidas con propósito, pero nada comparable al caso de los cristianos. El día que comienza es para servir al Señor. Para hacer algo por su causa. Las mañanas del cristiano son las de un optimista sin remedio. El sabe que en este día que comienza el Señor bendecirá su trabajo, su negocio, sus pasos. Por eso es que esta mañana él saldrá de su casa feliz y confiado. El desea que durante el día pueda con su optimismo y amabilidad predicarles a los que lo vean un sermón sin palabras. Pero además, él comienza su día sabiendo que éste le proporcionará momentos en los que de su boca salgan palabras de bendición, de consuelo, de salvación. Su vida tiene propósito, uno tan sublime que colma sus mañanas y sus días. Las mañanas del cristiano son buenas, estoy diciendo. El las ve como perfectas para permitir al Señor que le enseñe, que le guíe y que le alimente su alma. Por eso él dedica aunque sea unos minutos del alba a leer El Libro que el Señor en su bondad le ha querido dar. Las mañanas del cristiano son buenas, magníficas, plenas. Cómo no, si ellas marcan el comienzo del día, precioso regalo de Dios.
Guadalajara, México, junio 3, 2011
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