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"Libres en
Cristo",
¿libres para qué? |
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La distribución en español de uno de los varios libros que ha escrito el archiliberal Cecil Hook me tomó por sorpresa. Se titula "Libres en Cristo" La doctrina de la “unidad en la diversidad”, que como casi todas las herejías modernas se originó en Estados Unidos, llegó hasta nosotros aunque con décadas de retraso. Ese libro y los demás escritos por los abogados del concepto de la “unidad en la diversidad” encabezados por Karl Ketcherside quieren hacernos aceptar que en Cristo estamos libres para enseñar y practicar cosas que no están autorizadas en el Nuevo Testamento y libres para tener comunión con los que enseñan y practican cosas extrabíblicas. Es más, nos dice el autor del libro traducido al español, ¡ni siquiera necesitamos el Nuevo Testamento! -I- Lo que me entristece más, es que la aceptación de la doctrina hace a estos hermanos apoyar a los denominacionalistas y por ende reaccionar amargamente en contra de nosotros que nos oponemos al denominacionalismo. Es más, dicen ellos sin el más mínimo temor de ofender al Señor, la iglesia a la que ellos han pertenecido y a la que pertenecemos mis hermanos en la fe y yo, es sólo una denominación más, y parecen gozarse al referirse a ella como la Iglesia de Cristo (por favor note la “I” mayúscula). Siendo nosotros una denominación, afirman, somos los peores, pues predicamos en contra del denominacionalismo. Somos, nos dicen, unos hipócritas. Hemos llegado al punto en que hermanos nuestros dicen que todos están bien, menos nosotros. -II- Un escrutinio histórico le muestra a uno que en todas esas partes del mundo donde ha surgido la iglesia de Cristo en los tiempos modernos, (y no modernos) ha sido por haber habido hombres que decidieron practicar el cristianismo neotestamentario esforzándose por no añadir ni quitar nada. De estos movimientos hacia un retorno al cristianismo primitivo se pueden mencionar los de España, Chile, la India y Estados Unidos. Seguramente hay muchos más, pues no vamos a pensar que el concepto se les ha ocurrido solamente a unos cuantos. Ya antes de la Reforma Protestante hubo hombres en Europa que abogaron por lo mismo. Ahora resulta que todos esos esfuerzos fueron una gran equivocación. Peor, todos esos debates que nuestros hermanos han tenido combatiendo doctrinas y prácticas extrabíblicas, que han logrado que miles y miles salgan de las denominaciones, no debieron realizarse. Debimos dejar que esos maestros falsos continuaran con su obra. Con razón estos hermanos extraviados dicen que no necesitamos el Nuevo Testamento. Claro, entre otras cosas el N. T. nos ordena a combatir el error. -III- ¿Qué va a pasar ahora? A juzgar por lo que se ha visto en el pasado, podemos decir que pasará más o menos lo mismo que cuando han surgido otras herejías. Por un lado, algunos irán en pos de estos hermanos. Siempre hay por allí hermanos que no están contentos con algunos mandamientos de Dios. A estos les sonará a gloria oír que están libres para ignorar lo que de la Palabra de Dios no les guste. Es triste decirlo, pero la experiencia nos enseña que en estos casos siempre hay hermanos débiles que optan por abandonar el servicio de Dios y volver al mundo. Los que lideran este movimiento serán piedras de tropiezo para algunos, ojalá no muchos, Por lo demás, como siempre pasa, los hermanos fieles se pondrán más fuertes y serán obligados por las circunstancias a tener un concepto más claro de lo que es la iglesia y el cristianismo bíblico. En otros aspectos las cosas seguirán como siempre: Seguiremos derribando argumentos en nuestros enfrentamientos con los predicadores de las denominaciones. Hasta seguiremos convenciendo a algunos de ellos, quienes verán su error. De las gentes que presencien esos enfrentamientos, algunas de ellas, como siempre ha sucedido, se decidirán a favor de la verdad. Seguiremos bautizando a personas que están hastiadas del denominacionalismo con sus prácticas y doctrinas que chocan con la Biblia. A ellas les causa una grata sorpresa conocer la iglesia del Señor y ver nuestro esfuerzo por hacer todo lo más apegado que se pueda a la Palabra de Dios. Mientras, nuestros hermanos descarriados, los que han aceptado la doctrina de la “unidad en la diversidad”, se irán apartando más y más del patrón bíblico al cual le han dado la espalda. Muchos de ellos se irán a alguna denominación y algunos de ellos, los más sedientos de poder y de dinero, fundarán sus propios “ministerios”. O sea, todos ellos serán arrastrados hacia el océano del sectarismo denominacional y del error. -IV- ¿Quiénes son aquellos entre nosotros que están disgustados con la iglesia y vislumbrados con el denominacionalismo? No son los que han llegado a la iglesia desde las sectas, agradecidos con Dios por haber salido de allí.. Generalmente se trata de hermanos que pertenecen a la segunda o tercera generación de familias en la iglesia. Son hermanos que entraron a la iglesia porque así se esperaba en la familia. Para ellos todo fue fácil; no tuvieron que decidir entre comenzar a hacer lo bíblico aunque tuvieran que oponerse a sus amigos y maestros religiosos. No apreciaron la verdad porque no tuvieron que escoger entre ella y la falsedad. (No caigamos nosotros también en el error de dar por sentado que nuestros hijos entienden la diferencia entre la iglesia y las denominaciones. Usemos con ellos la Palabra de Dios para enseñarles bien los males del sectarismo). Estos hermanos no aprecian lo recto. Están cansados de someterse a la Palabra de Dios. No quieren ser esclavos de Cristo ni quieren que la iglesia esté sujeta a Cristo. Quieren libertad de los mandamientos del Señor y se engañan gritando jubilosos que son libres en Cristo. ¿Libres en Cristo para amar la mentira? No. Mil veces no. La libertad que Cristo y el Padre les da, y que ellos han aceptado gustosos, es la de escoger alejarse del camino angosto para transitar por el otro. Nuestra esperanza es que ellos comiencen a ver la falsedad del denominacionalismo, se hastíen de él y vuelvan a Cristo y a la verdad antes que sea demasiado tarde.
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