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¿Notas largas, notas cortas o ningunas notas? Cómo preparar un sermón expositivo El actor, la estatua y el león La construcción de un buen sermón ¿La carreta antes del caballo? Los sermones expositivos y las homilías |
ARTÍCULOS SOBRE LA PREDICACIÓN
La introducción
Qué malo que uno no sea nada en este mundo, porque si yo fuera algo tal vez alguien aceptara una proposición mía: que el sermón en realidad no tiene tres sino cuatro partes.
Los homiléticos nos dicen que un sermón se compone de 1.
Introducción, 2. Discusión, 3, Conclusión. Pero la lógica nos dice que
la proposición no encaja realmente dentro de ninguna de esas partes.
Nosotros la ponemos en la introducción, pero estoy convencido que cuando
uno llega a la proposición la introducción ya quedó atrás. Sería muy satisfactorio que mis lectores, o al menos algunos de ellos, aceptaran mi afirmación. Mientras tanto dejen que lo anterior sirva cuando menos para introducir este artículo. Dejen que sirva de ejemplo de lo que es una introducción... de un sermón. Se podría decir que la introducción del sermón es triple: Introducir al predicador con su audiencia, introducir el tema en la atención del oyente e introducir al oyente hacia adentro del tema. La introducción, hablando en forma estricta en realidad no es todavía el sermón. Véalo así: Si a un cierto sermón le quita usted la introducción y le pone otra, el sermón sigue siendo el mismo. Arriba me referí a que la proposición no debería pertenecer a la introducción, porque si uno la cambiara entonces sí se quedaría sin el sermón. En esta misma sección usted puede leer un artículo sobre la proposición en la que digo que ella es el sermón encapsulado. El sermón es el desarrollo de la proposición. Es en ello que me baso para afirmar que la proposición no es parte de la introducción. Pero dejando a un lado mis ideas personales, y volviendo a lo de la introducción del sermón, comenzaré diciendo que una buena introducción tiene que ser llamativa, interesante, de ser posible breve y tiene al menos tres partes que no deben faltar. La primera parte de la introducción es lo que algunos autores llaman la oración de contacto. Se refieren a una oración gramatical. A la primera cosa que el predicador dice a su audiencia. Esta oración de contacto persigue el propósito de captar en forma inmediata la atención de los oyentes. Tal vez la primera oración de este artículo pudiera ejemplificar la oración de contacto de la proposición. Pero los ejemplos podrían multiplicarse ad infinitum: 1.
“Una mujer que parecía que había encontrado la forma de
ahuyentar a la muerte, a “la fría”, como ella le llamaba se murió
ayer; Tal vez ustedes han oído hablar de ella: Una tal María Félix”,
podría ser la primera frase u oración de un sermón sobre la muerte.
2.
“¿Les gustaría tener aquí las 50 guitarras de Tommy Garrett?.
A Dios no, ni siquiera a la orquesta de Mantovani”, sería una buena
manera de comenzar a predicar en contra de la música instrumental en el
culto. 3.
“En casi cualquier día en esta nación se casan menos parejas de
las que se divorcian”, podría llamar la atención de una audiencia a la
que queremos predicar sobre los males del divorcio. No me lo crean, pero hay escritores que a esa primera frase le llaman la introducción. Por supuesto están equivocados. (Si tan siquiera nos dijeran que es la introducción de la introducción...) Después de esa “oración de contacto” sigue una conexión un tanto sutil con el texto del sermón: ¡Una introducción del texto hacia dentro de la introducción del sermón! Vea:
Introducción: 1. En casi cualquier día en esta nación se casan menos parejas de las que se divorcian 2. Esa conducta de nuestra sociedad choca de frente
con las palabras dichas por
el Señor. 3. Les invito a leer Mt. 19. 6-9. (Léase)
Muy bien. Ahora ya ha habido un primerísimo contacto con la audiencia, ya ha sido introducido el texto y éste ya ha sido leído. Uno podría hacer algún comentario sobre el pasaje que es el texto o no dependiendo de si uno lo estima útil o no. (Aquí diré una cosa en la que me gustaría extenderme en un artículo futuro: Un buen sermón y un buen bosquejo no tienen nada que les sobre. Todo lo que está allí tiene una razón de ser, o de estar) Basados en lo que ya dijimos ahora podemos hacer esa afirmación que es la proposición del sermón:
4. (Proposición) Estas palabras del Señor incluyen tres enseñanzas en cuanto al matrimonio de las cuales puede depender nuestra salvación o nuestra perdición. Esa, estimados lectores, es una introducción típica bien elaborada. Resumiendo: Una introducción debe de tener:
1. La oración de contacto.
2. La introducción del texto
3. El texto 4. La proposición. Aquí debo decir que a veces un sermón (un sermón de asunto o sermón tópico) no tiene texto. Eso debería ser solamente en contadísimas ocasiones, casi solamente cuando nuestro tema es de tal naturaleza que de plano no sabemos de ningún pasaje que pudiera ser nuestro texto. Aunque uno debería tratar siempre de tener un texto, es mejor predicar sin texto que usar un pasaje que está tan forzado que no merecería ser llamado el texto del sermón. (Lea en esta misma sección el artículo "El texto"). En esta misma sección hay un artículo sobre la proposición. Estúdielo con cuidado. Si usted aprende a, o ya sabe, hacer proposiciones y luego aplica lo dicho aquí sobre la introducción, sus sermones tendrán elementos valiosos para que sean considerados buenos sermones.
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