LA ROCA

 

Por Jorge Rodríguez Guerrero

 

Este es el tercer

artículo basado en Mateo 16.13 y siguientes

 

Jesús ha llevado a sus apóstoles muy al norte hasta la región de Cesarea de Filipo. Lo ha hecho para en una atmósfera de paz y oración hacer que ellos se expresen en cuanto al concepto que tienen de él. Eso lo harán cuando contesten la gran pregunta: “¿Quién soy? (Lea La gran pregunta)

    El Maestro se muestra muy satisfecho con la respuesta de ellos, expresada por  Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Eso es lo que él quería oír. Pedro no había sido insensible a las formas variadas en que el Padre le había estado revelando la gran verdad.  Para lo que seguía era necesario que los apóstoles estuvieran absolutamente convencidos de esa verdad: El Hijo del Hombre es el Hijo de Dios. El era hombre, pero mucho más que hombre: El era Dios.

    No había ninguna posibilidad de que Pedro estuviera equivocado. Su concepto sobre Jesús no era cosa de hombres; era lo revelado por el Padre Celestial.

    Detengámonos en el v. 17, que contiene la feliz expresión de Jesús a lo que acaba de escuchar: “Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

   Tal vez  cabe aquí una paráfrasis: “Pedro, tú tienes la dicha de haber entendido las cosas. Cosas cuyo entendimiento viene de mi Padre celestial”. Efectivamente, no hay bendición más grande y con más alcances que el de creer y entender que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Todo lo bueno que el alma del hombre puede recibir depende de creer y poder expresar lo que Pedro expresó acerca de Jesús de Nazaret.

    Pero el Señor tenía algo que añadir. Sus palabras servirían para que los apóstoles entendieran los alcances de lo que Pedro acababa de expresar: de manera que Jesús añadió: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”.

     La iglesia del Señor, y todo lo que se relaciona con ella estaría edificada sobre la verdad de que Jesucristo es el Hijo de Dios. Si Jesús no es lo que dijo ser, nada tiene fundamento. Los que creemos en él seríamos tomando unas palabras de Pablo refiriéndose a otra cosa también relacionada con esto (Por favor conecte 1 Co 15.19 con Ro 1.4)los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. Pero si Jesús es lo que él dijo que es, el Hijo de Dios, todo lo relacionado con su obra, la iglesia y todas las bendiciones conectadas con ella, todo tiene un fundamento que resiste todos los embates. Ella está edificada sobre la roca.

    En otra ocasión el Señor había empleado la metáfora de la roca. Me refiero a la parábola de los dos edificadores, Mt 7.24 al 27, donde está la misma palabra griega petra. Un hombre prudente edifica su casa espiritual sobre roca. Así Jesús edificó la suya sobre roca también. La roca sobre la cual los hombres edificamos o no nuestra vida, es la Palabra de Cristo que es la verdad, obedeciéndola; la roca sobre la cual Jesús edificó la iglesia es la verdad divina de que él es el Hijo de Dios.  

    Jesús se había referido muchas veces a  sí mismo como el Hijo del Hombre, es decir, él es  hombre. Eso lo entendían los apóstoles. Pero él esperó hasta que Pedro expresó en su respuesta a la gran pregunta su creencia que Jesús es más que el Hijo del Hombre, esto es, que Jesús es el Hijo de Dios, para hablar del fundamento de su iglesia.

    Los entendidos coinciden en que en el v. 18 hay dos palabras griegas parecidas, pero no iguales ni con el mismo significado: Petros, término masculino, que significa piedra, una piedra como la que usted obtendría si la desprendiera, por ejemplo con un marro, de una masa de roca: “Tú eres Pedro, petros”. Y petra, femenino, que significa una masa de roca (comp Mt 7.24): “sobre esta roca, petra, edificaré mi iglesia”.

   A nadie se le ocurriría edificar una casa sobre una piedra (gr. petros). Y aunque tratara de hacerlo tal cosa sería imposible. La generalidad de los hombres, no pudiendo edificar sus casas sobre una roca, hacen lo más parecido: Juntan un montón de piedras grandes, adecuadas para el propósito, y con ellas hacen un cimiento sobre el cual edifican sus casas. Al no haber disponible una roca sobre la cual quepa una casa, son necesarias cientos de grandes piedras que hacen las veces de la roca. 

En efecto, Pablo empleó esta figura del fundamento de piedras, sacada del mundo de la construcción, en Ef. 2.20, figura  diferente a la de Cristo, cuando  dijo que los cristianos van siendo "edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas", siendo Jesucristo  “la principal piedra del ángulo”.  La figura se basa en como los constructores de la antigüedad edificaban  los edificios.  Ellos juntaban sus piedras apropiadas para el propósito, y con ellas, bien acomodadas, formaban el fundamento de la construcción. Pero había una piedra muy especial, escogida por su forma angular, mientras más perfecta mejor, la que por su cuadratura estaría dirigiendo toda la cimentación. Llamada la principal piedra del ángulo ella era colocada primero que las demás, en una esquina de lo que sería el edificio. (Compárese 1 Pe 2.4-7). Desde esa piedra angular , colocada con sumo cuidado, se trazaban y medían  las líneas para colocar las demás piedras. En esta figura de Efesios Cristo es esa piedra angular del fundamento conformado por los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento. Ya explicado el pasaje los cristianos han de basar su fe y práctica en la enseñanza inspirada de los apóstoles y profetas, quienes a su vez fueron dirigidos por Jesucristo mismo. 

   Volviendo a nuestro pasaje, aceptemos que ni Jesucristo ni el Espíritu Santo se equivocan en lo más mínimo. Si el Espíritu Santo le inspiró a Mateo dos palabras diferentes es porque se requerían para la verdad que estaba inspirando. Es inútil que los hombres digan mil veces que el Señor edificó su casa sobre petros (piedra). El dijo que la edificaría sobre petra (roca). Los hombres pueden estar en desacuerdo con el Señor, si así conviene a sus intereses. Pero nada logrará deshacer la sencilla verdad de que él dijo que edificaría su iglesia sobre petra. Si la iglesia está edificada sobre petra, como dijo el Señor, entonces no está edificada sobre petros como dicen los dirigentes romanistas. Si por el contrario la iglesia está edificada sobre petros, como dicen los romanistas, entonces no está edificada sobre petra, como dijo el Señor. Aquí, como en muchos otros casos, sólo es cuestión de decidir a quién creer, a los hombres o a Jesús, quien dijo ser la verdad.

    ¿Cuándo y por qué se comenzó a afirmar que la iglesia está edificada sobre Pedro? Para saberlo es necesario ir a la historia, aunque sea en forma breve, y enfocarse en el conflicto que hubo entre los obispos de Roma y de Constantinopla desde los comienzos de la edad media, conflicto que se agudizó en el siglo séptimo, cuando el obispo de Constantinopla se adjudicó para sí mismo el título de obispo universal y fue reprendido por el obispo de Roma. (No pasaron muchos años  antes de que el obispo de Roma en turno también se adueñara del mismo título). Ese conflicto culminó con el cisma del siglo once cuando en el año 1054 quedaron definitivamente separadas las sectas llamadas Iglesia Católica Apostólica Romana e Iglesia Católica Ortodoxa Griega. La diferencia básica entre estas dos sectas es que los romanistas aceptan como su cabeza al obispo de Roma a quien llaman Papa y los griegos aceptan como su cabeza al obispo de Constantinopla, al que llaman Patriarca.

Fue por eso que los romanistas desecharon la explicación que sobre la roca de Mateo 16.18 habían dado los grandes expositores de los primeros siglos del cristianismo. Difícilmente se puede encontrar alguna cita de un cristiano de esa época a quien se le haya ocurrido que la iglesia tenía como fundamento a un hombre. Los grandes autores de esa época que escribieron sobre Mateo 16.13 al 20 entendieron que la roca era lo que Pedro había confesado. Cito aquí a Juan Crisóstomo y a Agustín de Hipona considerados como los más grandes expositores y a quienes la Iglesia Romana ha elevado al rango de santos católicos: El primero, en su homilía 55 sobre Mateo dijo: "Sobre esta roca edificaré mi Iglesia, es decir sobre la fe de la confesión de Pedro. Ahora bien, ¿Cuál fue la confesión? Hela aquí: Tu eres Cristo, el Hijo de Dios vivo". Agustín de Hipona, escribe en su comentario de 1 Juan: "¿Qué significan estas palabras: edificaré mi Iglesia sobre esta roca? Significan, edificaré mi Iglesia sobre esta fe, sobre esto que me dices: Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". La explicación de Crisóstomo y Agustín habría sido siempre la aceptada por todos de no haber los romanistas después buscado por todos los medios defender el papado argumentando que Pedro fue el primer papa.

    Pablo en 1 Co 3.11 nos confirma la verdad de nuestro pasaje aceptada por todos los cristianos primitivos cuando afirma: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. “Jesucristo” es una palabra compuesta de dos que significa “Jesús (el) Cristo”. Ya ampliando un poco el significado Jesucristo significa “Jesús quien es el Cristo”. Así había dicho Pedro: “Tú, Jesús, eres el Cristo”. Pero Jesús no sería el Cristo, si a la vez no fuera lo que dijo que era: El Hijo de Dios.

    En el hermoso caso de conversión del eunuco etíope, encontramos lo mismo. Cuando el hombre, después de haber oído el evangelio, expresó su deseo de ser bautizado y preguntó si había algún impedimento, al ser dirigido por Felipe a confesar su fe, dijo lo mismo que había confesado Pedro: “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”. (Hch 8. 35-38).  

    La confesión de Pedro y luego de todo creyente en Cristo, es la declaración de una gran verdad: "Jesucristo es el Hijo de Dios".  Esa verdad es la roca sobre la cual el Señor edificó su iglesia.

 

Guadalajara, México, octubre 6, 2011