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LA POBREZA DE PABLO
Por Jorge Rodríguez Guerrero
Los hechos de Pablo ocupan más de la mitad de Los Hechos. Este gran hombre es un personaje de la Biblia muy importante pero además muy interesante. Pablo supo lo que es la pobreza, a veces extrema. Estoy hablando de Pablo el cristiano, predicador y apóstol. Me refiero al predicador viajero que recorrió gran parte del imperio romano, desde la primera vez que salió de la ciudad de Antioquía de Siria. Generalizando podemos decir que Pablo predicó en Pisidia, en Galacia, en Macedonia, en Acaya y en Asia Menor, en forma por demás exitosa durante más de 20 años, quizá 25, antes de ser apresado en Jerusalén. De esto tratan los capítulos 13 al 22 del libro de Los Hechos. (El resto del libro se dedica a hablarnos del encarcelamiento de casi cinco años del apóstol en Cesarea primero y después en Roma*). En ese cuarto de siglo muchas congregaciones fueron fundadas por él o por hermanos convertidos por él. Es imposible saber cuántos cristianos le debieron a Pablo el haber conocido a Cristo. Pero debieron haber sido muchísimos. Miles y miles. Fue en ese tiempo cuando Pablo supo lo que es la pobreza. No estamos diciendo que siempre estuvo pobre, pues hasta tuvo algunas épocas, creo que cortas, de abundancia. Antes, en su niñez y en su juventud había vivido muy bien. Era un judío ciudadano (no un simple residente) de Tarso, capital de Cilicia en la que habitaban muchos judíos con ciudadanía romana. En cierta ocasión se refirió a su ciudadanía romana por nacimiento ( Hch 22.23-29). No hay razón para dudar que perteneció a una familia acomodada. No cualquier padre en la diáspora podía sostener a su hijo mientras éste estudiaba en Jerusalén "a los pies de Gamaliel". En su vocabulario y en algunas partes de su predicación Pablo deja ver que además había recibido la educación propia de un griego educado. Esta fase de su educación debe haberla recibido en Tarso, probablemente después de su regreso de Jerusalén a su ciudad, o tal vez alternándola con su educación en Jerusalén. Menciono la educación de joven Saulo en conexión con lo que estoy diciendo de su pobreza que le acompañó en sus andanzas de predicador, porque todos sabemos que la educación cuesta, y más en aquellos tiempos. Es claro que su padre se esforzó por preparar a su hijo quien seguramente mostró desde pequeño que era brillante y destinado a grandes cosas. El niño Saulo vivía bien y así siguió viviendo a través de su juventud. Ya después el predicador Pablo era relativamente pobre, con algunas épocas de abundancia y otras pocas de mucha escasez (2 Co 11.27). No seríamos muy exactos si pensáramos que él era lo que ahora se estila “un predicador de tiempo completo”. El se dedicaba a su oficio de fabricante de tiendas (Hch 18.1-3), oficio aprendido como parte de su educación judía. Nos queda la idea de que Pablo se sentía muy satisfecho de poder afirmar que la generalidad del tiempo, por ejemplo en su estadía de unos pocos años en Efeso, había usado sus manos para suplir sus necesidades y hasta las de sus compañeros (Hch 20.33-35). Pablo fue un predicador pobre (no cada día, pues como ya dijimos tuvo sus épocas de abundancia, Fil 4.12) que en su vida pasada había conocido la buena vida de los pudientes. El a veces recibía salario de parte de algunas iglesias que se sentían felices en tener comunión con el apóstol en la predicación del evangelio (2 Co. 11.7-12; Fil. 4.15,16) y escribió claramente sobre el derecho que tiene un cristiano que predica a recibir un pago por su importantísimo trabajo (1 Co 9.3-18). Este pasaje y uno de los dos anteriores nos hacen saber que hubo circunstancias en las que Pablo consideró mejor para la obra no recibir pago alguno de sus hermanos. Imagínese: un apóstol de Jesucristo haciendo tiendas para obtener su pan. Un hombre tan importante en una fraternidad de muchos miles de miembros trabajando manualmente para sostenerse. Cualquiera en su posición tan alta no hubiera tenido problemas para obtener pingües ganancias de sus hermanos si las hubiera buscado (lo que me recuerda a esos predicadores sectarios de hoy que sin el más mínimo deseo de parecerse a Pablo procuran una vida llena de comodidades, no pocos haciéndose ricos y algunos llegando a ser multimillonarios). Se me ocurre que muchos cristianos miraban con cierto asombro el caso del gran predicador y que hubo muchos que sentían gran admiración por esta forma de hacer las cosas el gran Pablo. Un hombre así está respaldado con gran autoridad moral en lo que predica. Uno puede fijarse que en sus escritos jamás menciona que haya recibido alguna ayuda económica de su familia. Ni que la haya recibido ni que la haya solicitado. Tal vez me equivoque pero no puedo dejar de pensar que la pobreza de Pablo, miembro de una familia pudiente nos indica que los familiares de Pablo no aceptaron el evangelio. Si el padre de Pablo todavía vivía cuando éste se convirtió alrededor de los 30 años de edad, seguramente el hijo le habló de Cristo, utilizando las Escrituras. No sólo eso, sino que debe haberle contado de la aparición de Jesús en el camino a Damasco. El padre, fariseo fiel a sus convicciones, y además decepcionado por ver rotas las ilusiones que había forjado en su brillante hijo, no le creyó. Se me antoja que el encuentro debe haber sido muy difícil tanto para el padre como para el hijo. No me cabe duda de que Pablo tenía en mente también a su familia cuando escribe ese triste pasaje de Romanos 9. 1-3. Esto me lleva a un pasaje más o menos largo en Hch 23: “ … los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición, a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo. Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue. Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo. Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte. El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? El le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa. Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto” (vv14-23). A uno le gustaría que el episodio fuera una prueba de que Pablo tenía una hermana y un sobrino cristianos que vivían en Jerusalén. Pero eso es dudoso. El sobrino de Pablo era un joven, dice varias veces el pasaje. Uno quiere creer que si el tribuno “le tomó de la mano” (v 19) fue porque se trataba de un jovencito, casi un niño. Aquí uno tendría que saber mucho para poder negar que en aquella cultura un oficial romano tomaría de la mano a un joven. Es casi imposible pensar que a un niño se le permitiera entrar en la fortaleza romana (v 16). Por cierto la misma palabra joven es usada para Eutico en Hch 20.9. Uno más bien ve en el sobrino de Pablo a un joven de empuje (esto va más o menos de acuerdo con lo que dice Bullinger de la palabra griega traducida “joven”) quien al enterarse de la planeada emboscada decide allí mismo dirigirse a la fortaleza a poner sobre aviso a su tío. Veamos el asunto más de cerca. El sobrino de Pablo se enteró de la celada secreta de la cual seguramente muy pocos sabían además de los propios juramentados. Uno quisiera saber cómo fue que el joven se enteró del plan. Tal vez era amigo o al menos conocido de alguno de ellos a quien se le escapó la cosa. ¿O se encontraba físicamente cerca de los conspiradores y los escuchó hablar de sus siniestros planes? ¿Qué estaba haciendo un cristiano allí tan cerca de los enemigos de Pablo? No parece haber razón para afirmar que el joven aquel era cristiano. Ya eso le quita casi todo el valor a la supuesta afirmación de que su madre sí lo era. Es más razonable pensar que aquel joven, amaba a su tío cristiano. En momentos como ese, las diferencias religiosas entre familiares quedan relegadas. Así que el joven no por ser cristiano, sino por ser sobrino de Pablo, decide arriesgarse descubriendo el complot. Sea como sea, no hay indicación alguna de que Pablo haya recibido ayuda de sus pudientes familiares para su obra de predicación. Pablo fue un predicador pobre, a veces muy pobre. Pobre, pero habitualmente feliz como lo muestra a la perfección su Carta a los Filipenses. Pobre en dinero, pero rico en contentamiento, en fe, en obras, en entrega, en esperanza. Pobre, pero con un gran legado para todos nosotros. Tal es el personaje más importante del libro de Los Hechos.
* Una comparación de Hechos con 1 y 2 Tim y Tito, muestran que algunos hechos de Pablo mencionados en esas cartas no encajan en los años anteriores al encarcelamiento de Hch cc 22-28. Eso nos lleva a concluir que Pablo salió de la prisión romana poco después del tiempo en que termina la narración de Hechos. El apóstol fue aprehendido nuevamente unos pocos años después y ejecutado. Se estima que Hechos abarca hasta alrededor del año 62 (63) y que Pablo murió en 67 o 68.
Guadalajara, México, octubre 31, 2011
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