¿POR INFERENCIA?

 

Jorge Rodríguez Guerrero

 

Yo era muy joven cuando aprendí una verdad básica que nunca se me olvidó en cuanto a cómo enseña (o autoriza) la Palabra de Dios.  Algún hermano, no recuerdo quien, me enseñó que Dios nos autoriza a hacer algo por una declaración (o un mandamiento), por un ejemplo aprobado y por inferencia necesaria.

    Años después, me di cuenta de que algo no estaba bien en eso de que "Dios autoriza por inferencia". Evidentemente, en la frase la palabra "inferencia" está mal empleada.     

    Me pregunto quién habrá sido el primero en emplear la frase. Es decir, por qué no se fijó que la cosa, verdadera en sí misma, estaba mal dicha. Pero más interesante es pensar en por qué nadie lo corrigió enseguida. Y todavía más es pensar en cómo fue que ese uso de la palabra "inferencia" fue aceptada y empleada por generaciones enteras de hermanos. Y uno sigue escuchando y leyendo que Dios enseña o autoriza "por inferencia necesaria".

    No estoy diciendo que nadie se fijó en la equivocación. Al contrario. Muchas veces he leído a hermanos haciendo la corrección pertinente. Hace apenas unos días, semanas a lo más, repasando los primeros números de la añorada revista  The Gospel Guardian me encontré allí unas líneas del gran Fanning Yater Tant, escritas en 1949, corrigiendo la expresión "la Biblia infiere tal o tal cosa". No obstante, de acuerdo a lo que uno lee aquí y allá el error persiste, .  

    Esto es extraño. Al parecer hay muchos hermanos que no se han detenido a ver de cerca el significado de la palabra “inferencia”. No se trata de una palabra rara o difícil. Tampoco el verbo “inferir” y me atrevería a decir que en nuestras lecturas y conversaciones comunes muchas veces nos hemos topado con las palabras “inferencia” e “inferir”.

    No. Dios no enseña nada por inferencia. Dios, el autor de la Biblia, no infiere. Somos nosotros, los lectores de ella quienes a veces tenemos que inferir al considerar algún pasaje.

    Inferir, nos dice el diccionario, es “sacar una conclusión por medio de un razonamiento, colegir, deducir”. Inferencia es “la deducción de una cosa a partir de otra; la acción de inferir (sacar una conclusión); ”

     Cuando uno lee algo que está claro, explícito, no necesita inferir. Pero sí debe hacerlo cuando en lo que leemos hay algo implícito. “Implícito” (adjetivo), nos dice el Diccionario de la Real Academia (RAE)) significa “Incluido en otra cosa sin que esta lo exprese”. Un diccionario de sinónimos y antónimos nos ayudará: El antónimo (lo opuesto) de implícito es explícito. Y explícito quiere decir “Que expresa clara y determinadamente una cosa” (RAE), lo que nos hace entender que “implícito” es lo que no está expresado clara y determinadamente.

     Creo que con lo anterior basta, La palabra de Dios contiene infinidad de declaraciones explícitas, claras. Pero puesto que Dios está tratando con seres inteligentes él en su Palabra no pocas veces incluye verdades en forma implícita, o, para decirlo más exactamente, Dios dice las cosas por implicación.

     Es en estos casos cuando usted y yo necesitamos inferir, deducir. Como decía antes, cuando Dios implica, es decir, dice algo sin expresarlo en tales y cuáles palabras, el hombre infiere, usando el sentido común del cual Dios le dotó. En estos casos, Dios nos enseña algo por implicación y nosotros lo captamos por inferencia.

    Vaya un ejemplo sencillo, hasta simplón: Para obedecer muchas cosas que Dios nos ordena necesitamos reunirnos: Por ejemplo, el partimiento del pan, la ofrenda, la oración (no privada) la edificación, el canto. En efecto Dios nos dice que no dejemos de reunirnos (Heb 10.25). El deber de reunirnos está claro en muchas declaraciones explícitas, Pero el Señor no es explícito en cuanto al lugar donde nos reunamos. Por lo tanto en el mandamiento de reunirnos está implícito que hemos de procurarnos el lugar donde reunirnos. Dios por implicación nos está autorizando a procurarnos un lugar. La procuración de ese lugar puede hacerse comprándolo, rentándolo o consiguiéndolo prestado o hasta regalado. Esto lo inferimos con cierta facilidad. Repito: La implicación fue de Dios, la inferencia es nuestra.

    Entonces, la cosa es sencilla: decir que Dios a veces, enseña (o manda, o autoriza) por inferencia es una clara equivocación. La equivocación consiste en que decimos “por inferencia” cuando debemos decir “por implicación”.

 

Guadalajara, México, septiembre 20, 2011.