Incremente su conocimiento bíblico

 

Jorge Rodríguez Guerrero

 

Cierto hombre que da lecciones de guitarra en su sitio de Internet ha dicho algo acerca de los estudiantes de ese instrumento que me llamó la atención. Dijo que muchos de ellos parecen conformarse con practicar y practicar siempre lo mismo. Pero que quien aspire a la excelencia como guitarrista  debe estar aprendiendo y practicando cosas nuevas. El le llama a esto “crecimiento vertical”.

          Es cierto. Hay personas que saben tocar la guitarra bien, bastante bien, diríamos, pero que no salen de lo mismo, siendo que ese instrumento todo el tiempo ofrece más y más posibilidades, de manera que nadie puede decir que ha llegado al límite.

        Creo que lo que el señor Andreas dijo respecto al estudio la guitarra, se puede aplicar igualmente al estudio de la Biblia. Nadie, por muy conocedor que sea de ella, puede jamás decir que ya llegó al límite del conocimiento bíblico.

          La mente que la inspiró es infinita y ni nuestra vida ni nuestra mente nos alcanzan para llegar al fondo de ella. Así como los grandes guitarristas siempre están aprendiendo cosas nuevas, los eruditos de la Biblia jamás dejan de aprender. Es triste poder decir que todos conocemos a hermanos que se parecen a los guitarristas mediocres. Se consideran predicadores o maestros de Biblia, y hoy están enseñando lo mismo que enseñaban hace veinte años porque al parecer hace mucho decidieron que ya sabían bastante. Sus bibliotecas dejaron de crecer y sus sermones y estudios son similares o los mismos de muchos años atrás.

          Por otro lado, déjenme decirles que aun nosotros, quienes no estamos dedicados al trabajo de la predicación, sino que somos simples cristianos que anhelamos hacer algo a favor de la causa del Señor en la congregación donde somos miembros, podemos aspirar a aumentar constantemente nuestro conocimiento bíblico. Mucho de lo que quiero decir a continuación usted ya lo sabe. Aun así, las directrices que señalo  podrían serle útiles.          

          Helas aquí:

1. Pregunte.

          Entre nosotros hay hermanos muy estudiosos que tienen mucho conocimiento de las Escrituras. Ellos se sentirán felices de compartir lo que saben con nosotros. Ustedes los oyen predicar e inmediatamente se dan cuenta que ellos conocen muy bien su Biblia. Escucharles es un deleite y una bendición. ¡Cómo aprendemos con cada una de sus predicaciones!

           Pero cuando uno quiere aprender en serio, eso no basta. Siempre tenemos interrogantes sobre algún pasaje. Acerquémonos a ellos y preguntémosles. Eso hará que vayamos aprendiendo precisamente las cosas que en el tiempo de la pregunta estamos deseando saber.

          Conforme vayamos creciendo en el conocimiento nuestras preguntas serán más difíciles. Es posible que el hermano no haya antes considerado el punto de nuestra pregunta. Si él es humilde, así nos lo hará saber. Tal vez se aventure a dar una respuesta que podría no ser la correcta.

          A veces, la respuesta nos mostrará que el hermano no ha profundizado en la cuestión. En este caso seamos comprensivos. Lo que sí me parece muy indigno es que lleguemos a preguntar sobre detalles que ya sabemos bien, solamente para probar al hermano.

          Como sea, preguntando se llega a Roma y el hermano que pregunta al que considera que puede tener la respuesta, siempre está creciendo en el conocimiento bíblico. El está recibiendo en un santiamén lo que el hermano tardó tal vez años en llegar a saber. Preguntar es una de las maneras más rápidas de aumentar nuestro conocimiento.

2. Apunte lo que quiere aprender

          Debo explicarme. Usted está escuchando un sermón o un estudio y repentinamente se le viene a la mente una cosa que le gustaría saber. (¿Quienes eran Himeneo y Fileto?, ¿Cuantos años pudo tener Timoteo cuando se fue con Pablo a la evangelización? ¿Qué quiere decir la palabra “inefable” que usó Pablo en 2 Co. 12?, etc.).

          En ese momento le es imposible ir a sus libros o preguntar a alguien. Pero hay muchas probabilidades que el asunto se le vaya de la mente si no hace algo ya. ¿Qué hacer?

          Cargue en su billetera una pequeña libreta de apuntes, o hasta una pequeña pieza de cartulina, tal vez una tarjeta de presentación para escribir al anverso. Allí escriba quizás sólo una palabra: “Himeneo”, “inefable”. Conocí a un hermano que hacía algo llamativo. Tomaba de por allí cualquier pedacito de papel, escribía en él la palabra, hacía con él una bolita y se lo echaba al bolsillo. ¡Esa es inteligencia!

          Cuando esté en su estudio, saque la libreta, o busque en sus bolsillos las bolitas de papel y vea qué es lo que quiere saber. ¡Y a estudiar, se ha dicho!

3. Consulte.

          Vaya a sus libros. En esta misma sección escribí un artículo sobre la necesidad de formar una biblioteca. Esta debe incluir versiones de la Biblia, diccionarios, enciclopedias y léxicos, sobre todo estos últimos. Si puede hágase de comentarios de libros de la Biblia considerados como eruditos. Muchas veces solamente es cuestión de consultar unos pocos libros para quedar satisfactoriamente instruidos sobre algún asunto bíblico.

4. Lea

          Hay autores que han dedicado años enteros a un asunto bíblico antes de escribir sobre él. Ellos han consultado cientos de obras como lo muestran las bibliografías. Todo el fruto de su esfuerzo está en las páginas de su libro. Hágase de buenos libros.

          Muchos hermanos predicadores, se pasan horas y horas en su estudio (aunque por lo mismo no le predican el evangelio casi a nadie, lo cual es criticable). Muchos de ellos envían artículos a revistas magníficamente escritos, pues casi siempre van dirigidos a otros predicadores. Esas revistas y esos artículos son una verdadera fuente de conocimiento. Procure suscribirse, si es que tiene con qué (yo no tengo) a las mejores revistas. La generalidad de ellas están escritas en inglés, idioma que sería muy bueno aprender al menos en su forma escrita.

          Algunos de esos hermanos tienen una página en Internet, pues se nota que están deseosos de compartir sus conocimientos. Hay sitios de hermanos que son oro molido. Búsquelos, añádalos a su lista de favoritos y acuda frecuentemente a ellos.            

5. Estudie su Biblia.    

          No hay nada como la Biblia. Dedíquele tiempo cada día. Sepa su contenido. Aprenda de qué trata cada libro de ella. Aprenda temas bíblicos. Tenga varias versiones de ella. Mientras recorre sus páginas consulte sus libros cuando pase por pasajes (¿no es esto un pleonasmo?) que así lo ameriten.

          Uno debería apartar algún tiempo de cada día a la lectura del libro de Dios, aunque sea una media hora. He notado que muy temprano en la mañana, la quietud y la mente descansada hacen de la lectura bíblica una delicia.

          Una costumbre muy buena es la de siempre traer consigo un nuevo testamento de bolsillo y sacarlo siempre que sea posible, cuando está en un autobús, en una terminal de autobuses, en una sala de espera, etcétera. Es increíble la cantidad de tiempo que uno podría emplear cada día con su Biblia.

           ¿Por qué no se atreve a aprender de memoria los dos o tres asuntos más sobresalientes de cada capítulo de los libros del Nuevo Testamento? Por ejemplo, Filipenses 2: La humillación y exaltación de Cristo, El caso de Timoteo y el caso de Epafrodito. Importante: Se trata solamente de aprender las dos o tres cosas importantes del capítulo, SIN MEMORIZAR LA CITA (Fil. 2.5-11), sino solamente los asuntos..  Y así cada capítulo de Filipenses y de las otras cartas Paulinas y de las otras cartas y de los otros libros del Antiguo Testamento. Tal vez usted sea el primero en asombrarse de que es totalmente posible aprender el contenido de cada capítulo del Nuevo Testamento. Esos ratos libres en las salas de espera, etc. son excelentes para esta empresa. Primero memorice y luego siempre póngase a prueba con su nuevo testamento a la mano.

6. Coleccione material de estudio

          Por ejemplo, estudios y bosquejos sobre diferentes temas bíblicos hechos por otros y repáselos siempre que pueda.

7. Escriba

          Propóngase escribir usted mismo comentarios sobre libros o pasajes bíblicos y elabore estudios sobre diferentes temas, no tanto para publicarlos, sino como una disciplina de estudio. Naturalmente, al hacerlo, deberá consultar todo lo que pueda. Y a propósito de esto...

8. Enseñe.

          Procure la asignación de una clase bíblica en su congregación. Los hermanos generalmente son generosos y benignos con nosotros cuando comenzamos esta hermosa actividad. Pero no lleve al atril bosquejos ajenos sino los que usted mismo haya elaborado, por supuesto consultando todas las obras que pueda durante su elaboración. Recuerde el dicho que dice: “¿Quieres aprender? Estudia; ¿quieres aprender mucho? Enseña”.

8. Pero siempre, siempre, siempre, al aprender de otros en cualquier forma, sea cauto

          La realidad es que no hay nadie que no se equivoque. A veces, me quedo asombrado con las tonterías que escriben hermanos nuestros que son considerados grandes entre nosotros. ¡Qué queremos! Ellos son humanos. De manera que recuerde que no en balde la Palabra manda: “Examinadlo todo”.

9. Sea independiente y libre

          Es decir, llegue a sus propias conclusiones. No siga ciegamente a nadie. No ponga su confianza en nadie pues como ya he recalcado, todo hombre al igual que usted, es limitado y falible. La declaración “Si el hermano Fulano lo dice, debe ser cierto”, es falsa como pocas. Puede ser cierto lo que él dice, pero también puede que no lo sea, porque él no es Dios.

9. Siempre esté dispuesto al cambio

          Usted puede haberse equivocado en alguna conclusión a la que llegó en el pasado. No tema hacer cambios en su manera de ver algún asunto, cuando la honestidad lo demande. Siempre esté abierto al conocimiento que podría obligarle a hacer ajustes en su pensamiento. Recuerde que “aprender es cambiar”.

 

Algunos de nosotros tocamos la guitarra como un pasatiempo y no tenemos tiempo de practicar ni acrecentar mucho nuestro conocimiento del instrumento. La verdad es que si no nos esforzamos mucho por el "crecimiento vertical", nada pasará. La guitarra es hermosa, pero solamente unos pocos, si alguno de nosotros, somos guitarristas. Pero todos somos cristianos y como tales con la necesidad espiritual absoluta de "crecer verticalmente" en el conocimiento bíblico.

          Tal es la voluntad de Dios, y tal debería ser nuestro anhelo sabiendo que eso se traducirá en nuestro crecimiento espiritual, en el beneficio de quienes nos oyen y en la gloria de Dios.

 

Midland, Texas, agosto 1, 2005