Hermano, no deje que la palabra

“hermenéutica” le asuste

 

Por Jorge Rodríguez Guerrero

 

Los cristianos comunes y corrientes nos sentimos algo así como intimidados cuando nos encontramos en nuestras lecturas, en nuestro papel de oyentes y hasta en alguna conversación, con la palabra “hermenéutica”. Si nuestro interlocutor, tal vez un predicador, da a entender que tiene conocimientos de hermenéutica nos sentimos pequeños ante un grande. Es natural que así nos pase. Al fin y al cabo la palabra misma no pertenece al vocabulario de cada día, al menos el vocabulario nuestro. Y hasta el sonido de la palabra nos aterra un poco: “Herme…” nos suena a “hermético”, o algo parecido. Creo que no hay mucha razón para nuestros temores.

     Sin tratar de asociar la palabra con el dios griego Hermes, como a veces se hace, sino simplemente buscando una definición adecuada, llegamos a saber que la hermenéutica es la ciencia de la interpretación. (La hermenéutica que nos ocupa es la bíblica, es decir la ciencia de la interpretación de la Biblia). La palabra ciencia (tica en el vocablo) se usa pensando en una serie de reglas o principios que se han de aplicar. Simplemente por saber esto la palabra comienza a perder su poder de aterrorizarnos. 

   Otra cosa que nos tranquiliza es que autores serios nos dicen que la hermenéutica es el sentido común aplicado al estudio de la Biblia. Seguramente la hermenéutica no es cosa del otro mundo, ni mucho menos. Es por esto que uno se asombra al oír a un hermano sencillo, digamos a un albañil, explicando magistralmente un pasaje de la Escritura. Tal vez él nunca ha tomado en sus manos algún libro de hermenéutica, pero como razona bien ha empleado sin saberlo alguna(s) regla hermenéutica.

 

El porqué de la hermenéutica

 

   Nuestro bendito Dios en su sabiduría y bondad quiso comunicarnos su voluntad en el lenguaje de los hombres. Para poder hacerlo él se sujetó, por decirlo así, a los principios que rigen la comunicación humana. Por su puesto, él sabía que los hombres le entenderían si ellos se aplicaban. Cómo no iba a saberlo, si fue él quien creó al hombre un ser inteligente como él mismo. Se podría decir que la Biblia es la comunicación entre la inteligencia divina y la inteligencia humana, adaptándose la inteligencia superior a los límites de la inferior. Algo así como (la analogía no es tan feliz) cuando un profesor de matemáticas le explica algún principio matemático a su hijo de diez años.

   Me imagino que Dios se alegró cuando vio que la comunicación entre los hombres, primero hablada y después escrita, dejó ver a su máxima criatura en el mundo no sólo como capaz de expresarse, sino capaz de hacerlo en forma hermosa y elegante. Los hombres escriben poesía, y hasta lo prosaico lo comunican empleando figuras de lenguaje.  De manera que el Señor del cielo y de la tierra pudo y quiso incluir en su libro esas formas propias de la escritura y la comunicación humanas. Por eso usted lee en la Biblia además del lenguaje literal, símiles, metáforas, hipérboles, parábolas, etc. De este empleo del lenguaje en la Biblia se ocupa la hermenéutica.

   La Biblia fue escrita originalmente por y para hombres de culturas, épocas, y naciones pasadas distintas de la nuestra. Es natural que mientras más conocimiento de esos aspectos de los escritos bíblicos tengamos más fácil se nos hará entenderla. De esto también trata la hermenéutica.

   Claro que además, siendo la Palabra producto de una inteligencia perfecta, ella no se contradice y es completamente razonable y lógica. Este hecho está incluido en la hermenéutica. Si repetimos que la Palabra de Dios está diseñada para ser entendida, añadiendo que así tiene que ser puesto que por ella vamos a ser juzgados, es fácil ver que en efecto la hermenéutica es el sentido común (con que Dios nos dotó) aplicado al estudio de la Biblia. 

 

Todos empleamos principios hermenéuticos

 

   Seguramente usted ha notado que aun la gente más sencilla incluye en su lenguaje figuras de lenguaje aunque no se dé cuenta: “Te he dicho mil veces que...”, (hipérbole), “tu abuelo era fuerte como un toro”, (símil), “Grrr… ¡Soy un león!”, (metáfora). Es por eso que la gente sencilla, sin conocimientos formales de hermenéutica, ni siquiera de retórica, percibe y entiende muchas figuras de lenguaje cuando las lee en su biblia.

   Todo lo anterior hace que sea creíble mi aseveración de que la hermenéutica no es cosa del otro mundo. No hay por qué asustarnos ante ella.

 

Los principios y reglas de la hermenéutica no son tantos

 

   Es bueno poder afirmar que los principios y reglas de la hermenéutica no son muchos. Entre mis libros de hermenéutica tengo dos excelentes escritos por hermanos.  Uno de ellos* tiene sólo doce capítulos que abarcan 245 páginas. El otro** se compone de once capítulos. Este último se extiende hasta las 400 páginas porque su autor quiso incluir un número de ejemplos de  errores hermenéuticos que son causantes de tantas doctrinas equivocadas en el mundo religioso. Aunque he tenido la oportunidad de leer algunos libros de hermenéutica además de los mencionados, creo que si alguien leyera con cuidado uno de esos dos libros, ya podría considerarse como uno que tiene conocimientos formales y adecuados de hermenéutica. (Es una lástima tener que decir que por estar estos libros escritos en inglés están fuera del alcance de muchos lectores; sería magnífico que algún hermano capaz hiciera una traducción del libro del hermano Dungan).

   Siento que con lo dicho ya puedo terminar con la esperanza de haberle convencido: Hermano, si la hermenéutica bíblica no es tan, tan fácil, tampoco es cosa del otro mundo.

 

*   Principles of Interpretation, por Clinton Lockhart

** Hermeneutics, por D. R. Dungan

 

 

 

Guadalajara, México, octubre 18, 2011

 

P. D. Si mi Señor me lo permite, un día (o un mes)

de estos volveré al tema señalando en forma

 sencilla los postulados y reglas más

importantes de la hermenéutica.