¿Hay algo en un nombre?

Por Jorge Rodríguez Guerrero

No hace casi nada procuraba documentarme mientras preparaba un sermón acerca de Elimelec (el bosquejo del sermón está en otra sección de este sitio). Me llamó la atención el significado de ese nombre. "Dios es rey" o "Mi rey es Dios". Así pues Elimelec es uno de los nombres más bonitos que puede haber.

     Si uno escarba en la historia de Elimelec tal y como aparece en los primeros versículos del libro de Rut, comienza a darse cuenta que este hombre no le hizo honor a su nombre. Si él hubiera tenido a Dios como el rey de su vida, habría actuado diferentemente y no se habría convertido en un ejemplo de cómo no deben hacerse las cosas.

     Mientras escribo esto me viene a la memoria otro personaje bíblico cuya manera de ser contradijo el significado de su nombre: Onésimo, el esclavo de Filemón, a quién el gran Pablo convirtió cuando huyendo de su amo llegó hasta la prisión domiciliaria donde se encontraba el apóstol. (Lea la historia de Onésimo en la pequeña carta a Filemón). El nombre de Onésimo le sirvió a Pablo para hacer un juego de palabras (Filem 11). Sucede que el esclavo que no había sido de utilidad a su amo llevaba un nombre que significa "útil". ¡Onésimo había sido Útil el inútil!.

     Y así muchos otros nombres en la Biblia, en la literatura, en nuestro entorno y tal vez muy cerca de nosotros. Yo mismo alguna vez aprendí que Jorge significa "agricultor" y de agricultura no sé absolutamente nada. En el mismo libro de Rut uno lee de cómo Noemí ("placentera") vio que su nombre dejó de venirle bien y dijo que sería más adecuado que le llamaran Mara ("amarga").

     Pienso que el padre de Elimelec debió de ser un hombre muy religioso y amante de Dios. Cómo debe haber gozado cuando llamaba a su pequeño gritándole: "¡Elimelec, ven a ver lo que te traje del mercado!" Recuerdo a un predicador de mi juventud que se cambió el nombre. Le parecía demasiado llamarse Jesús y cambió su nombre a Josué. (Me pregunto si él sabría que Josué y Jesús es prácticamente lo mismo en hebreo).

     Por otro lado, pienso que un nombre con un significado grandioso, positivo sí puede beneficiar a quien lo lleva. Uno de los más grandes predicadores del siglo diecinueve se llamó Benjamin Franklin como el genial padre fundador de los Estados Unidos. Y en efecto el predicador perteneció a la familia del estadista. Bien pudo haber sucedido que cuando se convirtió al Señor y decidió dedicarse a la predicación haya pensado que con un nombre así no podía ser un predicador mediocre. Si así pasó entonces el nombre que le pusieron lo benefició.

      Los padres del hermano Franklin no están solos en nombrar a sus hijos en honor de algún antepasado en la familia que sobresalió. Por ejemplo, en mi país hay un político se llama igual que su famoso abuelo Lázaro Cárdenas y otro, un panista chihuahuense, fue nombrado en honor de su tío abuelo Gustavo A. Madero, hermano de Francisco I. Madero, iniciador de la revolución mexicana: Gustavo. Otros recibieron su nombre en honor de personas ilustres sin ningún lazo familiar, por ejemplo el fascista italiano Benito Mussolini quien fue nombrado así por su padre en honor del gran mexicano Benito Juárez a quien admiraba mucho.

     Los cristianos suelen nombrar a sus hijos pensando en héroes de la Biblia: Joel, Abraham, Daniel, Timoteo, Pablo, etc. Si el papá le enseña a su pequeño por qué lo nombró así, el chico, quien tiene la fortuna de estar siendo educado en la disciplina del Señor, se sentirá orgulloso de su nombre. Si el padre le inculca la idea de que alguien con su ilustre nombre haría muy bien en preocuparse en hacerle honor con su actuación, sería de gran beneficio para el chico. Imagínese usted a un joven cristiano acercándose a la adultez  con ese concepto de sí mismo. Me da gusto poder añadir aquí que,  por lo que observo, esto sucede en muchos casos.

    Tal vez también le sirva a un Daniel o a un Pablo de nuestro tiempo, o inclusive a alguna Noemí o a alguna Rut, que se les enseñe que no deben ser como Elimelec quien no hizo honor a su nombre, sino que sus padres esperan que sea bueno(a) y temeroso(a) de Dios como aquel personaje bíblico que le proporcionó su nombre.

 

Guadalajara, México, noviembre 21, 2011