Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

 

 

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El muy descuidado mandamiento de la evangelización

 

 

La iglesia está en este mundo para hacer algo: ¿Qué? Una lectura concienzuda del Nuevo Testamento nos hará ir notando que la obra de la iglesia (local) es quíntuple. Los hermanos predicadores generalmente se refieren a tres de las actividades que conforman la vida de la iglesia:

                1. Evangelización (de los perdidos)

                2. Edificación (de sus miembros)

                3. Benevolencia (a los cristianos destituidos)

          A esas tres funciones se le deben añadir dos más que no encajan bien en ninguna de las tres categorías de arriba:

                4. Adoración

                5.  Disciplina (de sus miembros desordenados)

          He notado que de esas cinco funciones, dos de ellas son muy descuidadas por muchas congregaciones de las que tengo noticia: La evangelización y la disciplina. Déjenme que me extienda por ahora en el tema de la evangelización como obra de la iglesia local.

          Difícilmente se encontrará por allí una congregación que haya implementado lo que podríamos llamar “un programa de evangelización” que involucre a sus miembros. Los ancianos o los varones en sus juntas de negocios pueden llegar a decidir sostener económicamente totalmente o en parte a uno o varios predicadores del evangelio. También se usa algo del “tesoro de la ofrenda” para esfuerzos evangelísticos comúnmente llamados “series de servicios” o para adquirir folletos evangelísticos que se colocan en algún sitio del lugar de reuniones para que los tomen los visitantes o para que los lleven los miembros para dar a sus amigos o “contactos”. Eso está bien.

Como también está bien que en el programa de edificación, se presenten lecciones acerca de la responsabilidad de los miembros de hacer “obra personal” y hasta pueden citarse pasajes donde el Señor ordenó que se predicara el evangelio. Habrá tal vez exhortaciones a los miembros a que hagan más obra de evangelización. Ya de allí los miembros sabrán qué hacer con lo que han aprendido. Generalmente solamente un puñado de ellos hacen una pequeñísima cantidad de evangelización. Muchos cristianos jamás abandonan la idea de “que predique el predicador; para eso le pagan a él”.

¿Oyó usted alguna vez de alguna congregación disciplinando a un miembro por no obedecer el mandamiento de predicar el evangelio? Pareciera que creyéramos que desobedecer este mandamiento no ofende a Dios. Que al Señor no le interesa mucho que se les hable a los perdidos de la salvación que él hizo posible con su venida a este mundo a morir por ellos. Es evidente que el cristiano que peca por desobedecer este mandamiento no es considerado como susceptible de ser disciplinado.

 Muchas congregaciones tienen en su seno a algún evangelista, es decir, un hermano dedicado a la predicación del evangelio. Hasta donde sé muchos de estos hermanos mismos llamados evangelistas o predicadores casi no predican el evangelio a los perdidos. Ojalá que los evangelistas de la región donde usted vive no sean así. Por acá si hay muchos que se dedican a presentar sermones los domingos, actividad que más bien cae en la obra de los maestros y parece que ellos  —los demás miembros— piensan  que mucho del trabajo del predicador consiste en llevar y traer a donde lo requieren los hermanos que no tienen transportación. Si algún hermano logra interesar a alguien a que escuche el evangelio, el evangelista ya ha expresado que él está dispuesto a visitar a ese “contacto”.

No pocos predicadores parecen considerar que su trabajo consiste en pasarse lo más que se pueda  del tiempo en su oficina leyendo sus libros, sus revistas o visitando sitios interesantes en Internet o trabajando en su propio sitio de Internet. En la región del mundo donde yo vivo hay muy contados predicadores que dedican unas seis horas diarias, digamos,  a salir a buscar personas a quienes predicarles el evangelio de Cristo. Si los “evangelistas” no evangelizan, ¿qué se puede esperar de los otros miembros? Y todavía nos preguntamos por qué será que las congregaciones crecen tan poco en el caso de que crezcan.

Decía más arriba que casi no se oye de una congregación cuyos ancianos o varones elaboren e implementen un programa de evangelización en el que estén involucrados sus miembros. ¿Se imagina usted lo que podría lograr una congregación de cincuenta miembros con un programa en el que todos los que pudieran predicaran el evangelio una sola hora por semana? Cincuenta cristianos trabajando en una forma o en otra en la evangelización de los perdidos: Unos repartiendo folletos y hablando de Cristo casa por casa. Otros dando estudios en hogares que los otros les consiguieron. Otros con la responsabilidad de tener una dotación adecuada de literatura. Hermanas a quienes les es muy difícil por su edad o por lo que sea, cuidando a los niños de las otras mientras éstas van en busca de los perdidos.

¡Cincuenta horas-hombre por semana –o más—dedicadas a la predicación del evangelio! ¿Cuántas personas estarían oyendo el antiguo evangelio, sin las adulteraciones sectarias, cada semana en el radio de acción de esa congregación? Cientos. De ellas, algunas comenzarían a asistir a las reuniones y de éstas algunas se convertirían al Señor.

Visualice por favor los resultados: 

1. La iglesia crecerá numéricamente.  

2. Los nuevos cristianos sabrán desde el principio que una

    parte importante de su nueva vida es la de traer a otros a Cristo.

3. Al crecer la iglesia aumentarán las cantidades ofrendadas que       harán a la iglesia más eficaz en su obra.

4. Todos los miembros estarán más felices al ver los resultados de  su trabajo y al comprender que están cooperando para que el sacrificio del Señor no sea en vano.

5. La congregación estará demostrando su fidelidad en su cometido de la  evangelización  de los perdidos que es una de las razones de su misma existencia.

6. Nuestro Dios será más glorificado.

7. Los miembros de la congregación serán más felices.

8. Los miembros de la congregación estarán haciendo más a favor de su propia  salvación.

9. Etc.

Si usted, querido hermano que lee esto, comprende que la obra de la evangelización ha sido descuidada por la congregación donde usted es miembro, proponga la elaboración e implementación de un plan o programa de evangelismo de la iglesia. En el fondo del corazón de muchos de nosotros hay un sentimiento de que no estamos haciendo lo suficiente por llevar el evangelio a los perdidos. Solamente se requiere que haya alguien que nos anime para comenzar a hacer algo. Sea usted ese alguien.

 

 7-30-04

 

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