Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

 

 

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Los errores se hacen, se pasan por alto,

se propagan y se perpetúan.  Un ejemplo

                         Por Jorge Rodríguez Guerrero

 

Es de humanos errar, dice el dicho. En este artículo no estoy hablando de personas cuyos prejuicios o ignorancia o desinterés les hacen equivocarse. Estoy hablando de personas como usted y como yo, que estamos muy preocupados por no aceptar ni enseñar errores. Estoy hablando de personas honestas, buenas e inteligentes, como las que mencionaré en mi ejemplo.

No estoy escribiendo esto para criticar, Dios me libre. Si se trata de criticar errores, yo soy el hombre que tiene más cosas criticables en este mundo. Lo escribo para mostrar a mis amados lectores cuán cuidadoso debe ser uno al leer y al estudiar. Uno debería siempre hacer un gran esfuerzo para cerciorarse “si estas cosas son así”. Entremos al asunto.

Yo deseaba ahorrarme el trabajo de hacer unos bosquejos sobre la iglesia y me fui a la obra maravillosa del hermano Roy Cogdill, “La iglesia del Nuevo Testamento”, traducida del inglés. Pero cuando leí casi nada de la primera lección me encontré con algo absolutamente erróneo. El punto decía que la palabra "iglesia" viene de "kuriakos".

¿Qué había pasado aquí?

Después de meditar sobre la cuestión concluí lo obvio: El error no fue del hermano Cogdill: Efectivamente la palabra inglesa "church", (el equivalente de la palabra española iglesia), como él lo explica, viene de la palabra griega "kuriakos".

Pero la palabra española “iglesia” no viene de “kuriakos”; “Iglesia” no es otra cosa que la misma palabra griega “ekklesía”, españolizada.

Cuando hace más de medio siglo, el hermano Pedro Rivas tradujo la obra de Cogdill, también tradujo lo anterior, lo cual fue un descuido imperdonable de traducción. El traductor debe tener en cuenta que a veces, una verdad en un idioma si es traducida literalmente a otro idioma puede dejar de ser verdad. “Church” viene de “kuriakos”; “iglesia”, no.

El error se le coló al amado hermano Bill Reeves cuando revisó la traducción de Rivas en 1959. Muchos años después el error pasó inadvertido también al hermano Wayne Partain y muy probablemente también a mi hermano Valente, quien recientemente publicó la obra en su sitio de Internet. Ese último tiene, por supuesto, el atenuante de que no estaba ni traduciendo ni revisando, sino simplemente publicando.

El libro ha circulado mucho en varias ediciones que de él se han hecho en español. Y ahora uno lo puede tener vía internet. (Antes de publicar este artículo envié un borrador a Bill, Wayne y Valente; Este último me ha dicho que está quitando la línea que contiene el error en la edición de la obra de Cogdill que él incluye en su sitio Acá con el amigo Valente).

Me pregunto cuántos hermanos en Latinoamérica, usando ese libro en sus estudios, habrán enseñado el error en cuestión, (que como ya dijimos, no lo es si el estudio se está dando a personas de habla inglesa que usan la palabra "church", como nosotros la palabra iglesia).

Moraleja: Examinemos con mucho cuidado lo que otros han escrito o traducido. Y como nosotros también somos humanos examinemos con mucho cuidado lo que escribimos. Como citamos al principio. Es de humanos errar. (¿No estaré errando en la cita?).

ABRIL 25, 2005

 

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