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EL MAYORDOMO INFIEL Y SAGAZ
Introducción:
1. Quiero que leamos de una vez la parábola de Jesús que es
considerada como la que tiene más dificultades al tratar
de explicarla: La del mayordomo infiel o que tal vez podría
ser llamada la parábola del mayordomo infiel pero
sagaz.
2. Luc. 16.1-15.
3. Habiéndola leído ahora prestemos mucha atención a los hechos
más sobresalientes en torno a ella.
I. Veamos primero las dificultades de ella.
1. La alabanza del mayordomo ladrón, v. 8
2. La expresión del v. 9. ¿Cómo es posible que el Señor nos
diga que
ganemos amigos por medio de las riquezas injustas?
3. ¿Por qué a las riquezas se les llama injustas?
4. ¿Nos enseña esta parábola a ser como el mayordomo ladrón
para
ser recibidos en las moradas eternas, como el sería recibido en las
casas de sus cómplices de robo al patrón?
5. Hay más dificultades que iremos viendo.
II. Rasgos
de la parábola que nos ayudará a entenderla.
1. Primeramente se trata de una parábola ilustrativa y no
de una comparativa.
1. Es como la parábola del buen
samaritano en que
desbarramos
si comenzamos a buscar representaciones
en el mesón, en las monedas, en el mesonero, en los
salteadores.
La parábola es simplemente una
ilustración
de que nuestro prójimo al que debemos
amar es todo
aquel que se encuentra en dificultades.
2. En la parábola que nos ocupa no
debemos preguntar
a quién
representa el mayordomo ladrón, o su amo,
o sus
cómplices. Mucho menos que representan
las medidas
de aceite o de trigo. Si la vemos como una
ilustración detallada para hacerla interesante, no será demasiado
difícil aprender las lecciones de ella.
2. En la parábola no es el Señor Jesús quien alaba al
mayordomo, sino que es su amo quien
se queda
admirado de la sagacidad del ladrón.
3. El Señor mismo nos ayuda con sus propias aplicaciones que
a la vez nos sirven para entender la parábola.
III. Veamos ahora a los personajes de la parábola.
1. El principal personaje es, por supuesto el mayordomo.
1. Este había sido desleal, pero
alguien lo había
descubierto
con su amo o patrón v. 1,2
2. Ahora que iba a ser despedido por
ladrón, tenía un problemón: ¿Qué
sería de su vida en el futuro? V. 3
1. Nadie le
daría un trabajo similar, ya que perdió
el trabajo por haber robado a su patrón.
2. ¿Un
trabajo humilde como jornalero? No. Simple mente
eso estaba fuera de toda consideración.
3. ¿Mendigar?
Imposible. Eso era demasiado vergonzoso para él.
4. Después de cavilar, encuentra una maravillosa
solución al problema, v. 4: Robará a su patrón
una vez más, pero involucrando a otros que le
asegurarán un futuro sin trabajar ni mendigar.
5. Después de
solucionar mentalmente su problema,
lo lleva a la realidad. V. 5-7.
2. Los deudores son otros personajes de la parábola.
1. Ellos seguramente resienten sus
compromisos
comerciales
con el amo del mayordomo.
2. Cuando el mayordomo les ofrece la
reducción
de su deuda,
inmediatamente aceptan, aun
sabiendo que
tal cosa es inmoral pues equivale a
robar a su
acreedor.
3. Nótese que ninguno de ellos pone
objeciones a la
propuesta.
4. Ellos demuestran así ser ladrones
como quien los
ha hecho sus
cómplices.
5. Por supuesto ellos comprenden
ahora estarán en deuda con
quien los ha favorecido.
3. El otro personaje de la parábola es el amo o patrón.
1. El ha aceptado la acusación contra
su mayordomo de que éste
lo ha estado robando. V. 1-3
2. Seguramente está muy enojado.
1. No te
quiero como mi mayordomo, pues has
traicionado mi confianza.
2. Prepara un
último informe de cómo están
las cosas.
3. Después, al observar los libros,
se da cuenta de
la última
jugada que el mayordomo le ha hecho.
1. Él ve con
facilidad la sagacidad de su ex
empleado y se queda admirado. No sólo eso sino
que expresa esa admiración. V. 8.
2. Pero nótese:
1. Fue el amo
de la parábola, no el Señor Jesús
quien alabó al ladrón.
2. Y no lo
alabó por ladrón, sino por sagaz.
4. Si usted se fija, estos tres personajes pertenecen a esa
clase
de gente que el Señor llamó "los hijos de este siglo" v. 8.
IV. Las lecciones y aplicaciones que el Señor mismo extrajo de
la parábola.
1. Jesús expresó una realidad: v. 8. "Los hijos de este siglo
son más sagaces que los hijos de luz"
1. Por supuesto los hijos de luz son
los que sirven a Dios,
los hijos de
este siglo son los del mundo.
2. Esta realidad debería ponernos
pensativos:
1. El
mayordomo se confrontó con su problema y
lo resolvió.
2. No sólo
eso, sino que no hizo desidia, (note la
palabra "pronto” en el v. 6.
3.
Desafortunadamente, nosotros actuamos muy
diferentemente: Muchas veces la Palabra de Dios nos
señala que tenemos problemas espirituales, pero no
les damos la importancia ni nos entregamos a
resolverlos.
1. A veces nuestro problema es la ignorancia, pero no
nos entregamos al estudio de la Palabra.
2. O puede ser un mal hábito, o una amistad dañina, o
un empleo que nos aleja del servicio de Dios. ¿Obramos con
la diligencia de aquel mayordomo? No.
3. Los dueños de salones de baile y cantinas se esmeran en
traer clientes a sus establecimientos. ¿Nos esmeramos
nosotros por llenar este local? No.
4. El mayordomo de la parábola se ganó a los deudores
haciéndolos sus amigos. Nosotros muchas veces ni
ganamos amigos para traerlos a Cristo, ni siquiera
nos comportamos correctamente con nuestros
hermanos.
3. ¿Es difícil entender que si los
del mundo se esmeran por
lograr sus
fines mundanos, nosotros deberíamos
esmerarnos
mucho más que ellos por lograr nuestras
metas
espirituales, incluida en primer lugar la meta
de llegar al
cielo?
2. Jesús nos enseña que empleemos los bienes materiales
a nuestra disposición para llegar al
cielo. V. 9.
1. Las riquezas, pocas o muchas,
pueden ser nuestra
perdición o
nuestras aliadas para la salvación.
1. Nuestra
perdición si las amamos, 1 Tim 6.10
2. Nuestra
perdición si las hacemos nuestras amas, v. 10.
1. Es muy
fácil hacernos servidores del dinero.
1. Cuando no lo soltamos, (note que los fariseos
se burlaban de Jesús porque eran avaros, v. 14).
2. Cuando lo usamos para cosas que ofenden a Dios.
3. Cuando nos esforzamos más por acumularlo que
por servir a Dios.
2. Las riquezas pueden servirnos para
lograr el cielo.
1. Si las
usamos para hacer el bien a los necesitados, ("A Jehová
presta el que da al pobre" "Haced tesoros en el cielo")
2. Si las
usamos para ayudar a la obra de Cristo, por
ejemplo ofrendando generosamente.
3. Si por
usarlas como Dios quiere, no llegamos a
acumularlas aquí, sino en el cielo. "No os hagáis
tesoros en la tierra"
3. El Señor hizo una aplicación estupenda a la parábola: Si
queremos
alcanzar el cielo, debemos ser lo contrario de aquel mayordomo.
1. ¿Cómo fue él?
1. El fue
infiel y desleal con su amo.
2. El fue
malo, v. 8.
3. El usó la
sagacidad para el mal.
2. ¿Cómo debemos ser nosotros?
Fieles. (Note como la
palabra
"fiel" es repetida por el Señor, vv. 10, 11, 12.)
1. V. 10.
Fieles en lo poco y en lo mucho.
1. Fieles en lo que concierne a lo material que es lo
poco, es decir siendo buenos administradores
de lo que Dios nos permite tener y fieles en lo
mucho, es decir fieles en las cosas espirituales.
2. Lo muy poco, del v. 10 es llamado las riquezas
injustas en el v. 11. Lo más, en el v. 10 es lo
verdadero en el v. 11. Si en lo concerniente a
nuestra administración de lo material no somos
fieles, Dios no nos aceptará como sus
administradores de lo espiritual. El sabe que
tampoco en lo espiritual seremos fieles.
2. V. 12: Si
en lo que Dios nos ha concedido ser
administradores, ya sea en lo material o en lo espiritual no
somos fieles, no pensemos que nos dará el premio que
ya no es para administrarse sino que será todo de
quienes lo reciban.
3. V. 13. Si
en lugar de hacer que las riquezas nos sirvan
para glorificar a Dios, nos hacemos servidores
de ellas, nos engañamos pensando que estamos
sirviendo a Dios. O uno o el otro. Escojamos.
Conclusión:
1. La lección de la parábola puede reducirse a esto.
1. En este mundo feo y pecaminoso, uno puede
procurarse ciertos beneficios siendo
infieles y
tramposos.
2. Pero en la esfera espiritual, que tiene que ver
con nuestra alma, con la eternidad y
con nuestro
Dios, la única manera de lograr la
salvación y la
gloria, es siendo fieles.
2. Muchas gracias por su atención y que el Señor
les bendiga
Sept. 28 2007
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