Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

 

ARTÍCULOS

 

 

Esa maravillosa Carta a los Romanos

 

Por Jorge Rodríguez Guerrero

 

         Creo, —y en esta creencia me acompañan las más lúcidas mentes que se han dedicado en serio al estudio de la Palabra de Dios— que el documento más profundo del Nuevo Testamento es la Carta a los Romanos. Mientras más lo estudio, por supuesto ayudado por una cantidad de libros  de los cuales me he podido hacer, más me asombro. Qué razonamientos, qué profundidad, qué inteligencia y qué dirección del Espíritu Santo. Me atrevería a decir que jamás se ha escrito algo así.

  Qué lástima que el documento, muy  malentendido por causa de ideas preconcebidas, haya sido usado para enseñar doctrinas nefastas como las de Agustín de Hipona que más de un milenio después popularizó Juan Calvino entre los protestantes. Doctrinas que deben ser combatidas por los cristianos, quienes para ello debemos esforzarnos por saber el verdadero mensaje de esta maravillosa carta. Tengo la idea de que muchos de mis hermanos que enseñan en las congregaciones, —yo entre ellos, lo confieso—  no han profundizado en el estudio de ella. Hasta he escuchado a hermanos predicadores dar explicaciones de pasajes de la carta dignas de un buen calvinista.

  Sería bueno que los hermanos estudiosos que comparten esta idea mía, hicieran un esfuerzo por convencer a otros de la importancia de conocer Romanos y de que dedicaran mucho más tiempo a estudiarla ellos mismos y a dar estudios sobre la carta.

  Si hablamos del material de estudio sobre ella, ni para qué decir aquí que casi todo lo que se encuentra sobre la carta en las librerías  está escrito por evangélicos calvinistas. Si hemos de leer a autores denominacionalistas, interesémonos en los escritos de John Wesley y en los de aquellos que han sido influenciados por él. Entre los de la Iglesia del Nazareno hay autores dignos de ser leídos. Y no nos sintamos mal si pudiéramos examinar las obras relacionadas con Romanos de Jacobo Arminio, el casi contemporáneo de Calvino que se atrevió a poner en duda las conclusiones del francés establecido en Ginebra. Este brillante pensador pudo ver con pasmosa claridad los errores a los que conducían las ideas de Calvino y las refutó admirablemente.

  Nuestros hermanos han explicado muy bien la carta en sus escritos y comentarios —en inglés. En el siglo diecinueve hermanos nuestros escribieron libros que sin ser comentarios de la carta trataron asuntos propios de ella, en forma magistral. Uno de ellos es el importantísimo libro de T. W. Brents, The gospel plan of salvation. El comentario por Moses Lard contiene cosas que no han sido superadas. El gran erudito McGarvey escribió también un comentario muy bueno. Ya en el siglo pasado uno de los hermanos más brillantes, R. L. Whiteside, escribió un comentario sobre Romanos en el que dejó ver el poder de su intelecto. Si hay algo que yo le critico a su libro es su tamaño: apenas 301 páginas. Pero el libro es puro oro molido. El hermano escribió su comentario para contrarrestar las enseñanzas de cierto predicador prominente que trataba de introducir en la hermandad ideas calvinistas. Pienso que el objetivo fue logrado a la perfección, pero hubiera sido la gran cosa que el hermano Whiteside se hubiera extendido más en sus explicaciones de cada versículo. Después otros hermanos escribieron comentarios  sobre Romanos, pero a mi pobre entender (y por supuesto no he leído todo) nadie le ha llegado.

  Nuestro hermano Bill Reeves, siguiendo muy de cerca a Whiteside, escribió en español hace años un  comentario de Romanos. Muy bueno, excelente, pero para mi gusto, muy breve y por lo tanto no tan claro en algunos casos. Creo que si el hermano Reeves se lo propusiera podría escribir otro comentario sobre Romanos, pero ahora más rico, más explicado, poniendo en él todo lo que ha logrado aprender en los años que han pasado desde que escribió el primero (se me antoja de unas 500 páginas, cuando menos). Personalmente pienso que sería lo más significativo de su legado a los cristianos de habla hispana que tanto le debemos ya.

  En fin, cómo me gustaría que los párrafos anteriores lograran aumentar el interés de mis hermanos, sobre todo los que enseñan, en lo que bien pudiera ser el documento más importante del Nuevo Testamento, la Carta a los Romanos.

 

     Guadalajara, México,  febrero 4, 2010