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¿La carreta antes del caballo?
“Algunos bosquejos de este hermano Jorge están muy raros. Tienen los
números de los puntos principales sin ningunas palabras que los acompañen
y luego comienza diciendo cosas que el oyente no sabe al principio por qué
las está diciendo.”
Así es. Permítaseme
defenderme un poco. Hace más de 25 años escribí un libro al que titulé
“Cuarenta sermones en bosquejo”. Los bosquejos del libro de marras tenían
otro formato, el “tradicional”. Ahora,
hojeo mi libro y se me antoja que puedo mejorar algunos bosquejos
aplicando la técnica que años después aprendí. Trataré de explicarla
enseguida. Aprendí
que es mejor que cuando se hace la afirmación de cada punto del sermón
ya se haya dado la razón bíblica para esa afirmación. De esa manera al
oyente no le queda más que aceptar que la afirmación es bíblica desde
el momento en que se expresa, por lo tanto verdadera. Ahora a uno
solamente le falta ampliar la afirmación, el punto, habiéndose ya ganado
al oyente. Dicho lo mismo de otra manera: en vez de afirmar en forma
abrupta el punto, (que es la forma tradicional) uno lo introduce de manera
que cuando se hace la afirmación ya se ha mostrado que es válida.
No siempre se puede hacer esto. Pero cuando es posible, es bueno
hacerlo. Esto hace al sermón más lógico, más aceptable y --me da mucho
gusto poder añadir esto-- más interesante a la audiencia. Aunque parezca
al principio que no es así, la modalidad que estoy presentando aquí hace
que el sermón tenga más orden.
Ahora bien. Si sucediera que usted está observando un bosquejo mío
en la sección de bosquejos y le gustaría hacer algo con él, pero no le
gusta el formato que emplea esta técnica, haga una cosa: Ignore los
primeros subpuntos hasta dar con el que tiene la afirmación en negrita o
en mayúsculas que encontrará en determinado subpunto. Ponga esas
palabras enseguida de números
romano del punto (I, o II, o III, etc) y olvídese de los subpuntos que estaban antes del de las
palabras enfatizadas, El bosquejo ahora es igual a los que siguen el
formato tradicional.
Pero mientras tanto le desafío a que use la técnica que aquí
defiendo en su próximo sermón, si es que se presta para ello, y dígame
si no le salió mejor.
En esto de la predicación uno nunca termina de aprender. Siempre
se puede experimentar algo nuevo. Y en el transcurso de todo esto, nuestra
predicación es siempre fresca para beneficio de nuestros oyentes.
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