Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

 

 

¿La carreta antes del caballo?

 

“Algunos bosquejos de este hermano Jorge están muy raros. Tienen los números de los puntos principales sin ningunas palabras que los acompañen y luego comienza diciendo cosas que el oyente no sabe al principio por qué las está diciendo.”

        Así es.

Permítaseme defenderme un poco. Hace más de 25 años escribí un libro al que titulé “Cuarenta sermones en bosquejo”. Los bosquejos del libro de marras tenían otro formato, el “tradicional”.  Ahora, hojeo mi libro y se me antoja que puedo mejorar algunos bosquejos aplicando la técnica que años después aprendí. Trataré de explicarla enseguida.

Aprendí que es mejor que cuando se hace la afirmación de cada punto del sermón ya se haya dado la razón bíblica para esa afirmación. De esa manera al oyente no le queda más que aceptar que la afirmación es bíblica desde el momento en que se expresa, por lo tanto verdadera. Ahora a uno solamente le falta ampliar la afirmación, el punto, habiéndose ya ganado al oyente. Dicho lo mismo de otra manera: en vez de afirmar en forma abrupta el punto, (que es la forma tradicional) uno lo introduce de manera que cuando se hace la afirmación ya se ha mostrado que es válida.

          No siempre se puede hacer esto. Pero cuando es posible, es bueno hacerlo. Esto hace al sermón más lógico, más aceptable y --me da mucho gusto poder añadir esto-- más interesante a la audiencia. Aunque parezca al principio que no es así, la modalidad que estoy presentando aquí hace que el sermón tenga más orden.

           Ahora bien. Si sucediera que usted está observando un bosquejo mío en la sección de bosquejos y le gustaría hacer algo con él, pero no le gusta el formato que emplea esta técnica, haga una cosa: Ignore los primeros subpuntos hasta dar con el que tiene la afirmación en negrita o en mayúsculas que encontrará en determinado subpunto. Ponga esas palabras enseguida de  números romano del punto (I, o II, o III, etc)  y olvídese de los subpuntos que estaban antes del de las palabras enfatizadas, El bosquejo ahora es igual a los que siguen el formato tradicional.

          Pero mientras tanto le desafío a que use la técnica que aquí defiendo en su próximo sermón, si es que se presta para ello, y dígame si no le salió mejor.

          En esto de la predicación uno nunca termina de aprender. Siempre se puede experimentar algo nuevo. Y en el transcurso de todo esto, nuestra predicación es siempre fresca para beneficio de nuestros oyentes. 

 

 

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