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Beatos, santos y otras cosas
Por Jorge Rodríguez Guerrero
Hace unas cuantas semanas llegaron a México las reliquias de Juan Pablo II, quien fuera el papa católico anterior, ahora beatificado, es decir hecho un beato de acuerdo a las creencias de la Iglesia Católica Romana. Esas reliquias se pasearán por diferentes lugares del país, para que sean vistas y veneradas por los mexicanos creyentes (crédulos). Estos hechos nos sirven de marco para hablar de beatos, santos católicos y cosas relacionadas. De acuerdo a la creencia católica, un beato es un difunto que no ha llegado a ser un santo, al cual se le puede rendir culto pero solamente en su región. Es un cuasi santo. Porque ningún católico podrá afirmar que beato y santo es lo mismo. Para los católicos Juan Pablo II es un beato, con posibilidades de ser en el futuro un santo. De acuerdo a esas creencias propias del catolicismo, el difunto papa necesitará que ahora que es beato haga al menos un milagro. Pensar en estos asuntos romanistas provoca una sonrisa en los conocedores y creyentes de la Palabra de Dios. Por supuesto, se trata de invenciones católicas que no tienen un ápice de fundamento en la Biblia. Causa asombro la ignorancia y la credulidad de tantos millones y millones de personas en el mundo. De las expresiones beato, beatificación, canonización y santo, la única que tiene ciertos visos bíblicos es la última: santo. Pero aquí el romanismo es una vez más culpable de torcer la enseñanza de la Biblia. La razón por la que un católico se ríe al escuchar que los cristianos fieles vivientes son santos, es por su crasa ignorancia de la Biblia. Para él un santo es un muerto canonizado por un papa y considerado digno de veneración. Para el católico un santo no pertenece a este mundo terráqueo. Ya se fue y pertenece a un grupo de muertos comparativamente muy pequeño. De un santo se pueden hacer imágenes por medio de las cuales se le puede rogar la ayuda, o hasta que le haga al suplicante un milagro. El suplicante necesitado se postra ante la imagen del santo. Esa es la doctrina católica de los santos. Pero, ¿qué dice la Biblia? En algunos pasajes es evidente que la palabra "santo" se usa como sinónimo de cristiano, de creyente. "Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos..." (Fil 1.1); "Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén" (Ro 15.26). Qué diferencia entre la Biblia y el catolicismo. Cuánto desprecio romanista hacia la sencilla verdad expresada en la Palabra de Dios. Ya estamos viendo que la Biblia usa la palabra santo en una forma totalmente distinta a como la usa el romanismo. Inmediatamente se comprende por qué las palabras beatificación y canonización no están en la bendita Palabra de Dios. Ni están ni pueden estarlo. La verdad es que la palabra "santo" tiene un significado hermoso y a la vez sencillo: Santo significa apartado, apartado para Dios. Cuando se usa en referencia a un ser humano, santo es alguien que se ha apartado de lo malo para servir a Dios. En los pasajes citados arriba, en que la palabra se usa como sinónimo de cristiano (en el sentido bíblico del término), el significado es sencillo. Un santo es una persona que se ha apartado del mundo y de la práctica del pecado. Cuando vivía entregado al pecado y no le importaba ofender a Dios, no era santo. No había puesto su vida al servicio de Dios. Al convertirse a Cristo comenzó una vida de santidad. Por eso se le llama santo. Ahora él debe luchar y esforzarse por continuar siendo un santo: "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb.12.14). El concepto bíblico y el católico están separados abismalmente. Por supuesto el concepto bíblico es el correcto. De acuerdo al romanismo, ya que la canonización se lleva a cabo mediante una solemne declaración papal, para ser un santo, o una santa, la persona tuvo que haber sido católica. A no ser que el papa también canonice a los que antes se les llamó “herejes”. Ya que cada Papa canoniza a un puñado durante su gestión, sólo un porcentaje muy pequeño de católicos podrá jamás aspirar a la santidad. Si uno quisiera mezclar la doctrina católica con la bíblica se vería obligado a decir que poquísimos católicos pueden aspirar a ver al Señor. Ni siquiera la generalidad de los papas pueden hacerlo. Pero hay más. La Wikipedia, haciendo eco a la generalidad de las obras católicas que tratan el asunto, dice que “Además, para llegar a la canonización se requiere de la realización confirmada de uno o dos milagros”. De modo que una persona pudo haberse esforzado por vivir una vida santa, entregada totalmente al servicio de Dios, pero si no hizo (o hace) un milagro, no fue santa ni lo será jamás. Cuando uno lee todo lo que la Biblia dice acerca de los dones milagrosos, llega a saber que los milagros pertenecieron a la época apostólica, cuando los apóstoles además de hacer milagros repartieron dones del Espíritu Santo que incluían entre otros, el de poder de hacer milagros. En la iglesia primitiva no muchos cristianos recibieron de los apóstoles el don de poder hacer milagros. Esa es la enseñanza bíblica. Si la aceptamos, todos los milagros de todos los que vivieron después y llegaron a ser considerados santos por la iglesia católica simplemente pertenecen a la ficción. Si para poder ser santo uno debe hacer “uno o dos milagros cuando menos”, entonces se puede afirmar sin temor a equivocarse que la Iglesia Católica Romana, cuyo origen, junto con el del papado, se remonta a varios siglos después de la época apostólica, jamás ha tenido entre sus miembros a un solo santo. Para decirlo con franqueza, la doctrina católica de los santos y beatos es una perfecta falsedad, muy de acuerdo a su sistema de religión tan corrupto y falso.
Guadalajara, México, septiembre 24, 2011
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