Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

ARTÍCULOS SOBRE LA PREDICACIÓN

 

¿Notas cortas, notas largas o

ningunas notas?

 

Por Jorge Rodríguez Guerrero

 

Recuerdo que hace muchos años, el hermano Glenn Rogers (ya fallecido) dijo a su audiencia de la que yo formaba parte algo así: “Buenou, hermanous, se me ha terminadou el tiempou y apenas voy a la mitad de mis noutas...” Y levantó un papelito que si mucho medía unas dos por dos pulgadas. Yo, joven que apenas comenzaba a predicar sermones, me quedé asombrado.

            Por otro lado, una vez tuve la ocasión de escuchar predicar a un hermano de cierta fama que llevó al púlpito una especie de rollo de papel donde tenía sus notas o mejor dicho, donde tenía escrito su sermón, sospecho que palabra por palabra, pues al predicar estuvo leyendo su rollo que iba poco a poco desdoblando y dejando caer al piso atrás del púlpito, a sus pies. Jamás miró a su audiencia.  Creo que esos son los dos ejemplos extremos que yo podría  poner en cuanto a la largura o pequeñez de notas llevadas al púlpito.

            Al hermano del rollo podría también ponerlo como el ejemplo mejor de quien no depende absolutamente para nada de la memoria. En el otro extremo pondría a un hermano que escuché predicar un sermón no corto que se había aprendido de memoria palabra por palabra y que lo dijo con la vista fija en un punto de la pared al frente. Me da pena añadir que ninguno de estos dos sermones fue bueno. Era muy difícil que lo fueran.

Pero basta ya de ejemplos extremos.

            Es bien sabido que los verdaderamente grandes predicadores de todos los tiempos han predicado sin notas. Pero como dijo Charles Koller, autor del mejor libro sobre la materia: “La predicación sin notas no significa predicación sin hacer notas”. El dijo que tampoco significa no llevar notas al púlpito, sino predicar sin ver las notas, pero teniéndolas a la mano por si acaso.

            Pero si nos hacemos al centro, al caso de la mayoría de nosotros, vamos diciendo que tal vez lo más cercano al ideal es depender de nuestras notas, pero echando a ellas solamente miradas fugaces y viendo a nuestra audiencia gran parte del tiempo.

            Depender de nuestras notas, dije. Pero, ¿notas copiosas o notas breves? Las dos cosas. O sea, dos juegos de notas: las copiosas que son el resultado de nuestro trabajo intelectual preparando el sermón. Las breves, basadas en las copiosas, para tenerlas frente a nosotros mientras predicamos.

            La expresión “notas copiosas” no significa páginas y páginas de apuntes como se nos van viniendo. Significa un bosquejo bien elaborado, con sus puntos, sub-puntos y sub-sub-puntos. Un bosquejo con su sangrado hacia la derecha que muestra qué cosas dependen de qué cosas:

            I. -----

                     1.      ------

                     2.      -----

                           1)  ------

                            i. ------

                           ii. ------

            II. ---------     

Las notas breves son un bosquejo basado en el detallado en el que solamente incluimos las partes más principales, como la introducción con su proposición, los puntos, tal vez los sub-puntos y a lo mejor uno que otro sub-sub-punto y la conclusión. Un bosquejo de letra grande que posiblemente quepa en una página tamaño carta.

Si armado con este bosquejo basado en el otro usted subiera al púlpito y allí llegara  a poder predicar su sermón sin ver jamás sus notas, usted estaría en el camino hacia la excelencia. 

Bien.

Hay algo todavía mejor: Aprender de memoria, sí señor, de memoria, el bosquejo breve. Y si usted logra visualizarlo como un todo, mejor que mejor. Imagínese a usted predicando y de vez en cuando echando una mirada, no a la hoja que tiene sobre el púlpito, sino al bosquejo que tiene en la mente. La sensación de que usted tiene enfrente, en el aire, clara, grandota, la hoja de su bosquejo, es maravillosa.. El secreto radica en aprender de memoria solamente el bosquejo. Todo lo demás, todo lo que está en el bosquejo detallado lo aprendió, sí, y espero que muy bien, pero no de memoria. 

El concepto vertido aquí es lo que yo considero lo ideal en cuanto a notas sermonarias. Pero mucho tiene qué ver nuestra memoria, nuestra agilidad mental y hasta nuestra destreza para leer.

(No resisto las ganas de este paréntesis:¿No le ha pasado a usted lo que a mí, que creo que las ocasiones en que he predicado mejor en mi vida han sido cuando no he tenido notas, obligado por las circunstancias  a ”improvisar”?  Pero entrecomillo la palabra porque los sermones sin notas de ninguna manera son improvisados, sino al contrario, tratan de asuntos dominados de tal manera que ya no se necesitan las notas. Qué libertad se disfruta, con nada que le obligue a uno a desviar su mirada de la audiencia, excepto para leer su biblia).

Si se me permitiera ponerme como ejemplo, yo diría que en esto también tiene que ver la edad. He notado con cierta tristeza que ahora dependo mucho más de las notas, pues la memoria me falla. Ni modo.

Casi al principio dije que los mejores predicadores siempre han predicado sin notas. Habiendo explicado lo que significa predicar sin notas, solamente me resta animarlo a que se ponga la meta de predicar sin notas. Pero recuerde, cualquiera puede predicar sin notas... mal. Predicar bien sin notas es la meta.

7.29.04